Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Guarda la historia del vino:
decisión de emperadores
y afán de conquistadores,
en su odre sensitivo.
Por su efecto conmovidos,
poetas y pensadores
entre clases y sabores
romance y teoría han escrito.
Y aquí, bebiendo yo escribo,
mis osadas reflexiones:
Amigo, si un día te fallan,
la amistad como el amor
y ambos, -como redención-
por tu clemencia clamaran
y tu orgullo vacilara
al tomar tu decisión;
para condena o perdón,
bebe tu vino con calma...
Ya, con su juicio en el alma,
¡el hombre, es un poco Dios!
Ante conquista compleja;
no lo dudes. ¡Bébelo!
Que en su justa proporción,
-para ataque y elocuencia-
¡el vino, es un estratega!
¡Tenacidad de león!
Y trino de ruiseñor,
a tu indecisión le agrega.
Y como Don Juan, se apega
al lenguaje del amor.
Busca el vino corazones
como líquido emisario
del espiritual abrazo
que deben darse los hombres.
Toda la tierra recorre.
Y cual duende solidario,
¡gustoso! te ofrece un trago.
Así, en descampado mores.
El, ama al amigo pobre.
¡Lo enriquece con su trato!
El vino, aplaca nostalgias.
Y aunque en utópico atino,
brinda al hombre, si en exilio,
de su tierra, ¡la esperanza!
Y hasta, si añejo descansa...
es un maestro dormido.
Inspiración, llevó a Cristo
para que bien predicara.
Por ello, de altar y farra,
es el ángel consentido.
Lo digo, con fundamento.
Filosofando al decir:
‘de parra, hemos de venir.
El humano es incompleto.
Solo nace con su cuerpo.
La sangre, lo espera aquí.
¡Es vino! Y debe instruir,
fluyendo con su criterio.
Quien no sorba su intelecto...
¡Inculto! se ha de morir.'
...
decisión de emperadores
y afán de conquistadores,
en su odre sensitivo.
Por su efecto conmovidos,
poetas y pensadores
entre clases y sabores
romance y teoría han escrito.
Y aquí, bebiendo yo escribo,
mis osadas reflexiones:
Amigo, si un día te fallan,
la amistad como el amor
y ambos, -como redención-
por tu clemencia clamaran
y tu orgullo vacilara
al tomar tu decisión;
para condena o perdón,
bebe tu vino con calma...
Ya, con su juicio en el alma,
¡el hombre, es un poco Dios!
Ante conquista compleja;
no lo dudes. ¡Bébelo!
Que en su justa proporción,
-para ataque y elocuencia-
¡el vino, es un estratega!
¡Tenacidad de león!
Y trino de ruiseñor,
a tu indecisión le agrega.
Y como Don Juan, se apega
al lenguaje del amor.
Busca el vino corazones
como líquido emisario
del espiritual abrazo
que deben darse los hombres.
Toda la tierra recorre.
Y cual duende solidario,
¡gustoso! te ofrece un trago.
Así, en descampado mores.
El, ama al amigo pobre.
¡Lo enriquece con su trato!
El vino, aplaca nostalgias.
Y aunque en utópico atino,
brinda al hombre, si en exilio,
de su tierra, ¡la esperanza!
Y hasta, si añejo descansa...
es un maestro dormido.
Inspiración, llevó a Cristo
para que bien predicara.
Por ello, de altar y farra,
es el ángel consentido.
Lo digo, con fundamento.
Filosofando al decir:
‘de parra, hemos de venir.
El humano es incompleto.
Solo nace con su cuerpo.
La sangre, lo espera aquí.
¡Es vino! Y debe instruir,
fluyendo con su criterio.
Quien no sorba su intelecto...
¡Inculto! se ha de morir.'
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