Cualquier estación llovía en nosotros

penabad57

Poeta veterano en el portal
A veces te dibujo para que no crezcas
y es tu sombra un collar de algas azules.

Veo ondas vespertinas en tu aliento,
busco palmeras sin un sur en tus labios ocres,
espero un sonido, débil, un maullido de flor,
una cicatriz en el viento,
rótulos en la sien de los transeúntes
que no pisan mi voz.

Existe un calendario en tu ombligo,
rompo los días y las noches,
maduro en los eclipses,
me acuesto bajo el rosal quemado por la luz,
escribo con nieve en los portales
para que la fugacidad reinvente el agua caída,
pienso en el color hermafrodita
-barniz salvaje de arcoíris-,
verano lumínico, otoño en el cristal,
histeria en el vientre de abril.

Cualquier estación llovía en nosotros
como un racimo de luces y paz
que ocultara su música,
un trampolín florido,
un carmesí en la rodilla que, indolente,
mostraras desnuda.

Dame tu mano, aprende a bailar con el deseo fugitivo,
después, arrímate a mi delgadez
y posa sobre mi pecho la furia del ardor,
la sed átona donde nadan los peces sin alma,
tú y yo, que ahora somos océano
en los más recónditos mundos del silencio.












 
Última edición:
A veces te dibujo para que no crezcas
y es tu sombra un collar de algas azules.

Veo ondas vespertinas en tu aliento,
busco palmeras sin un sur en tus labios ocres,
espero un sonido, débil, un maullido de flor,
una cicatriz en el viento,
rótulos en la sien de los transeúntes
que no pisan mi voz.

Existe un calendario en tu ombligo,
rompo los días y las noches,
maduro en los eclipses,
me acuesto bajo el rosal quemado por la luz,
escribo nieve en los portales
para que la fugacidad reinvente el agua caída,
pienso en el color hermafrodita
-barniz salvaje de arcoíris-,
verano alegre, otoño en el cristal,
histeria en el vientre de abril.

Cualquier estación llovía en nosotros
como un racimo de luces y paz
que ocultara su música,
un trampolín florido,
un carmesí en la rodilla que, indolente,
muestras desnuda.

Dame tu mano, aprende a bailar con el deseo fugitivo,
después, arrímate a mi delgadez,
y dibuja sobre mi pecho la furia del ardor,
la sed átona donde nadan los peces sin alma,
tú y yo, que ahora somos océano
en los más recónditos mundos del silencio.











Océano es la conjunción de dos ríos que vierten sus aguas en un todo. Gran poema, muchas gracias y saludos afectuosos.
 

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