Sira
Poeta fiel al portal
¿Cuándo aprenderás?
Esta noche me acordé de ti
mientras vagaba ebria y errabunda;
desorientada y deslumbrada por el
resplandor ambarino de las farolas de
esta ciudad que nunca duerme.
Condenada a pasar noche tras noche
perpetuamente sumida en un estado
antinatural e insano de ininterrumpida
y artificiosa vigilia.
El sopor capcioso que me brinda
el alcohol nunca me ha dado resultado
cuando se trata de aplacar las imágenes
de nuestros recuerdos compartidos;
de los tortuosos secretos confesados
con la voz quebrada y áspera,
con las mejillas cuarteadas por una
miríada de rutilantes lágrimas,
alumbradas ambas tan sólo por la
vacilante llama de una pequeña vela.
Una llama solitaria como único testigo
de nuestro romance condenado,
de nuestro anhelo destructivo.
De nuestro amor mal entendido.
¿Cuándo aprenderás que no se
puede poseer a nadie, niña querida?
Y con el despuntar del alba,
todo se habrá acabado.
Y el fuego que hoy nos abrasa,
mañana se habrá extinguido.
Mañana se habrá apagado.
Y ya nada tendrá sentido.
Tan sólo nos quedarán
los rescoldos calcinados...
las cenizas de un afecto
vilipendiado por el destino.
Esta noche me acordé de ti
mientras vagaba ebria y errabunda;
desorientada y deslumbrada por el
resplandor ambarino de las farolas de
esta ciudad que nunca duerme.
Condenada a pasar noche tras noche
perpetuamente sumida en un estado
antinatural e insano de ininterrumpida
y artificiosa vigilia.
El sopor capcioso que me brinda
el alcohol nunca me ha dado resultado
cuando se trata de aplacar las imágenes
de nuestros recuerdos compartidos;
de los tortuosos secretos confesados
con la voz quebrada y áspera,
con las mejillas cuarteadas por una
miríada de rutilantes lágrimas,
alumbradas ambas tan sólo por la
vacilante llama de una pequeña vela.
Una llama solitaria como único testigo
de nuestro romance condenado,
de nuestro anhelo destructivo.
De nuestro amor mal entendido.
¿Cuándo aprenderás que no se
puede poseer a nadie, niña querida?
Y con el despuntar del alba,
todo se habrá acabado.
Y el fuego que hoy nos abrasa,
mañana se habrá extinguido.
Mañana se habrá apagado.
Y ya nada tendrá sentido.
Tan sólo nos quedarán
los rescoldos calcinados...
las cenizas de un afecto
vilipendiado por el destino.
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