José Cornejo Valadez
Poeta recién llegado
Cuando todo era alegría
en la inquieta infancia mía
de aquel tiempo sin igual;
cuando, sin sufrir por nada,
la inocencia inmaculada
engordaba en mi morral.
Con el juego y las canciones
siempre a flor, las decepciones
como un cuento de terror
que te espanta si lo escuchas,
pero, ¿existe? ¡No!, son muchas
las veredas del amor.
La mirada abierta y franca,
sin recelos; siempre blanca
la manera de pensar,
y una fiel, débil tristeza
que era musa en la cabeza
pero nunca hacía llorar.
Y viviendo aquella hermosa,
tierna vida venturosa
en la dicha y el placer,
y el dolor que si venía
en su lucha entretenía,
porque siempre iba a perder.
Con la vida por delante,
vigoroso caminante
de la dicha por el riel
una vida larga y plena,
de esperanza el alma llena
y el amor a flor de piel...
-o0o-
...¡Hoy, que todo se ha marchado,
hoy que solo me he quedado
me pregunto! ¿Para qué?...
¿Para qué seguir viviendo?
¿Para qué seguir sufriendo
si ya todo se me fue?...
en la inquieta infancia mía
de aquel tiempo sin igual;
cuando, sin sufrir por nada,
la inocencia inmaculada
engordaba en mi morral.
Con el juego y las canciones
siempre a flor, las decepciones
como un cuento de terror
que te espanta si lo escuchas,
pero, ¿existe? ¡No!, son muchas
las veredas del amor.
La mirada abierta y franca,
sin recelos; siempre blanca
la manera de pensar,
y una fiel, débil tristeza
que era musa en la cabeza
pero nunca hacía llorar.
Y viviendo aquella hermosa,
tierna vida venturosa
en la dicha y el placer,
y el dolor que si venía
en su lucha entretenía,
porque siempre iba a perder.
Con la vida por delante,
vigoroso caminante
de la dicha por el riel
una vida larga y plena,
de esperanza el alma llena
y el amor a flor de piel...
-o0o-
...¡Hoy, que todo se ha marchado,
hoy que solo me he quedado
me pregunto! ¿Para qué?...
¿Para qué seguir viviendo?
¿Para qué seguir sufriendo
si ya todo se me fue?...