Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Porcelana.
No te vayas a quebrar, resbalándote
por entre las yemas de mis dedos.
Enredadera de madejas
tus piernas
suavidad y tu albura
que recorren y recurren a mi piel
que es la tela de tu cuerpo.
Yaces cual estatua erguida sobre mí,
y yo erguido en ti
y yo en los valles
y tú en los aires
cual musa impertinente, cautelando mis suspiros,
respiros esculpidos sobre mi pecho,
labrados y grabados por tus dedos perfectos.
¿Qué disfrazas tras ese mutilado silencio?
Vacío eres
inmensurable de las mareas calmas
pronta a desatar la furia, tras la pleamar.
¡No te temo!
No huyo tus infinitos brazos, que abrasan y
me ciñen hasta exhalar mi último aliento,
es más: te espero
Así hayan parido
miles de hojas los olivos
así se colme el mar de garúas y gotas,
yo sigo siendo el arcángel encarcelado
que atisba desde el cielo celeste y creado,
para despojarte de todo atuendo y
desnuda ante el yugo del recuerdo
botar tus miserias y penumbras colmadas de umbrías sombras
ante el apoteósico y misterioso abrazo
que congrega a las almas
al enlazar sus labios,
eterno,
pues han hallado el cobijo
en donde fluye tibio
todo hálito
todo aliento.