Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
CUANDO DEJE DE AMARTE
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Cuando deje de amarte,
será el día aquel,
marcado con tinta roja,
en un calendario extraño,
de un ilegible año,
que aún a esta vida grata,
de gusto no se le antoja.
Será cuando se recojan
de los árboles las piedras,
como manzanas rojas,
o verdes como la hiedra.
O será cuando en pleno enero,
la nieve sea mi amiga;
o será cuando yo consiga,
cerezas del limonero.
O será tal vez cuando el sol,
envíe rayos helados,
o habrá sombra luminosa;
o de cada una de las rosas,
las espinas hayan contado.
O será tal vez cuando el hambre,
de todos los corazones,
sea solo vegetar,
en etéreas ilusiones;
y no vean ojos claros,
ni pasos luminosos;
ni se mire con descaro,
un aspecto deseoso.
Quizá, también, será el día,
cuando los claveles rojos,
en rojo intenso encendido;
sean parte del paisaje,
de un muladar erigido.
O cuando las aves del alba,
tengan costumbre adquirida,
de continuar en su sueño;
y ya no impregnen el aire,
con esos trinos de ensueño.
También puede ser ese día,
que al arrebol de las nubes,
les falte la tinta excelsa,
que usan las hadas azules;
a causa de los amores,
a causa de aquellas fuerzas.
O será, tal vez, por último,
cuando mis ojos llorosos,
no distingan ya colores,
ni las luces, ni las formas
y tampoco yo distinga,
ni del sonido las normas,
ni del aire los olores.
Ni mis brazos, ni mis pies,
me sean de utilidad;
o del amor la piedad,
yo ignore por completo;
o como inicuo sujeto,
ignore de Dios la bondad.
Y además también como sello,
no tenga noción ninguna,
del tiempo en su caminar;
pues mi alma no estará presente,
ni aquí, ni en ningún lugar.
El día que deje de amarte,
será porque yo ya he muerto
y en muerte de nombre muerte
y en pena de nombre pena
y en un pensar que no pienso
y en voz de nombre silencio.
&&&&&&
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Cuando deje de amarte,
será el día aquel,
marcado con tinta roja,
en un calendario extraño,
de un ilegible año,
que aún a esta vida grata,
de gusto no se le antoja.
Será cuando se recojan
de los árboles las piedras,
como manzanas rojas,
o verdes como la hiedra.
O será cuando en pleno enero,
la nieve sea mi amiga;
o será cuando yo consiga,
cerezas del limonero.
O será tal vez cuando el sol,
envíe rayos helados,
o habrá sombra luminosa;
o de cada una de las rosas,
las espinas hayan contado.
O será tal vez cuando el hambre,
de todos los corazones,
sea solo vegetar,
en etéreas ilusiones;
y no vean ojos claros,
ni pasos luminosos;
ni se mire con descaro,
un aspecto deseoso.
Quizá, también, será el día,
cuando los claveles rojos,
en rojo intenso encendido;
sean parte del paisaje,
de un muladar erigido.
O cuando las aves del alba,
tengan costumbre adquirida,
de continuar en su sueño;
y ya no impregnen el aire,
con esos trinos de ensueño.
También puede ser ese día,
que al arrebol de las nubes,
les falte la tinta excelsa,
que usan las hadas azules;
a causa de los amores,
a causa de aquellas fuerzas.
O será, tal vez, por último,
cuando mis ojos llorosos,
no distingan ya colores,
ni las luces, ni las formas
y tampoco yo distinga,
ni del sonido las normas,
ni del aire los olores.
Ni mis brazos, ni mis pies,
me sean de utilidad;
o del amor la piedad,
yo ignore por completo;
o como inicuo sujeto,
ignore de Dios la bondad.
Y además también como sello,
no tenga noción ninguna,
del tiempo en su caminar;
pues mi alma no estará presente,
ni aquí, ni en ningún lugar.
El día que deje de amarte,
será porque yo ya he muerto
y en muerte de nombre muerte
y en pena de nombre pena
y en un pensar que no pienso
y en voz de nombre silencio.
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