Xisquio
Poeta recién llegado
Su desplazamiento era una danza
involucraba hasta el infinito de cada ser
trasladaba sus ansias en cada mirada
y su ardor quemaba los sentimientos.
En sus amplios vuelos de horizontes cercanos
desplegaba sus multicolores alas
y se dejaba llevar por suaves brisas,
encajonadas entre montes y valles.
Alguna vez su vuelo serpenteo entre hielos
y el frío se hizo parte de su sangre.
Su vuelo gélido se cubría entre lamentos
y su ardor moría en el ocaso de la tarde.
No quiso volar a lo alto buscando calor,
su refugio era esperar leños encendidos,
no acepto el avance del tiempo y su ego crecía
al mirar en sus alas, colores más bellos que el arco iris.
Ahora ya no se admira su quieto vuelo,
su propio invierno apago la primavera
y ahora quieta en una rama y sus colores al sol,
se sumergira entre sueños de miradas pasadas.
Revalidara danzas y su baile sera más ansioso,
tal vez mirara el tiempo al ver que sus alas
se opacan al sol y cada invierno le resta un color,
dejando su reinado entre mudas aceptaciones.
Brilla el sol y a la vez, la bruma arrastra sentimientos,
se aquietan los sueños por un cielo colmado de ilusiones
y entre sordidos egos, la mariposa carecera de colores
y el hielo de su sangre, se convertira en lagrimas de amor.
No se puede pedir el vuelo a quien que por arte, alejo de si la aventura
por saberse de alas ya grises y que no son admiradas
y cargando el hielo acuestas,
hizo fragil la llama, de un leño aún encendido.