BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y sé que la noche
ha quedado detenida
con su brazo marmóreo
sobre mi cuello amplio
y sin sonrisa. Sé que esta
noche, procura mi asfixia
y mi desvanecimiento. En tu
memoria, y en tu recuerdo,
persistirán, con lenta ceremonia,
los ojos estáticos de un amanecer
inesperado. La conversación inquieta
de un proceder errado. Por ejemplo,
sé también, que las noches son largas
marismas que el cielo conserva, con sus
estrellas insomnes, y sus delgadas crestas.
Como sé que la luz es más venturosa
en un cuerpo que apenas sostiene su tamaño,
en las acequias herrumbrosas y perfumadas.
Cuando bajo del hilo hirsuto de tu voz,
y se aplazan los peligros del día, y el sol,
o la luna, danzan equilibrados sobre tu
cabellera desdibujada, mi mirada recorre
tu cuerpo adolescente y frenético.
El hielo aplasta la primavera, sí,
mas nombro la monarquía de tus ojos
de acero.
©
ha quedado detenida
con su brazo marmóreo
sobre mi cuello amplio
y sin sonrisa. Sé que esta
noche, procura mi asfixia
y mi desvanecimiento. En tu
memoria, y en tu recuerdo,
persistirán, con lenta ceremonia,
los ojos estáticos de un amanecer
inesperado. La conversación inquieta
de un proceder errado. Por ejemplo,
sé también, que las noches son largas
marismas que el cielo conserva, con sus
estrellas insomnes, y sus delgadas crestas.
Como sé que la luz es más venturosa
en un cuerpo que apenas sostiene su tamaño,
en las acequias herrumbrosas y perfumadas.
Cuando bajo del hilo hirsuto de tu voz,
y se aplazan los peligros del día, y el sol,
o la luna, danzan equilibrados sobre tu
cabellera desdibujada, mi mirada recorre
tu cuerpo adolescente y frenético.
El hielo aplasta la primavera, sí,
mas nombro la monarquía de tus ojos
de acero.
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