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Cuando el mar besa la luna

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Cuando el mar besa la luna,
algo se desordena en la piel del tiempo,
como si las olas supieran
de ese lenguaje que tú y yo inventamos,
hecho de susurros que se ahogan entre dos bocas.
Te pienso,
y te haces espuma en el borde de mis pensamientos,
inmensa y pequeña,
como un suspiro que danza en la orilla de lo posible.

Tu cuerpo,
es la línea curva que el horizonte intenta abrazar
y nunca logra.
Es un deseo infinito,
como las ganas que me inundan
cuando el silencio entre nosotros es un eco que muerde.
Te desnudo con los ojos,
y eres un poema que se arrastra hasta mis manos,
una constelación de lunares
que navega en el mar de mis dedos.

Hemos aprendido a amarnos en el margen de lo eterno,
como si nuestros cuerpos fueran páginas de un libro
que alguien olvidó leer,
abandonadas en la biblioteca del azar.
Pero cuando te acercas,
como ola que viene y se va,
somos el verso suelto que desata las mareas.

Es tan sencillo perderse en ti,
como caer en el abismo dulce de una palabra,
como si la poesía tuviera sabor a sal
y a tu piel húmeda de lunas.
Entonces te beso,
y no importa si el mundo se rompe en mil pedazos,
porque en ese instante,
somos agua que lo llena todo,
una marea que desborda los límites del deseo.

Te amo,
como ama el mar a la luna,
en la distancia que se acerca sin tocar,
en la espera que nunca termina,
en el vaivén de las noches,
donde tú y yo somos sombra,
y luz,
y eternidad suspendida entre la marea y el cielo.

Fin.
 
Cuando el mar besa la luna,
algo se desordena en la piel del tiempo,
como si las olas supieran
de ese lenguaje que tú y yo inventamos,
hecho de susurros que se ahogan entre dos bocas.
Te pienso,
y te haces espuma en el borde de mis pensamientos,
inmensa y pequeña,
como un suspiro que danza en la orilla de lo posible.

Tu cuerpo,
es la línea curva que el horizonte intenta abrazar
y nunca logra.
Es un deseo infinito,
como las ganas que me inundan
cuando el silencio entre nosotros es un eco que muerde.
Te desnudo con los ojos,
y eres un poema que se arrastra hasta mis manos,
una constelación de lunares
que navega en el mar de mis dedos.

Hemos aprendido a amarnos en el margen de lo eterno,
como si nuestros cuerpos fueran páginas de un libro
que alguien olvidó leer,
abandonadas en la biblioteca del azar.
Pero cuando te acercas,
como ola que viene y se va,
somos el verso suelto que desata las mareas.

Es tan sencillo perderse en ti,
como caer en el abismo dulce de una palabra,
como si la poesía tuviera sabor a sal
y a tu piel húmeda de lunas.
Entonces te beso,
y no importa si el mundo se rompe en mil pedazos,
porque en ese instante,
somos agua que lo llena todo,
una marea que desborda los límites del deseo.

Te amo,
como ama el mar a la luna,
en la distancia que se acerca sin tocar,
en la espera que nunca termina,
en el vaivén de las noches,
donde tú y yo somos sombra,
y luz,
y eternidad suspendida entre la marea y el cielo.

Fin.
Un amor así, del cual nunca quisiéramos dejar de sentir.
Cuando el amor es mutuo, la pasión es ardiente, no hay barreras que se interpongan.


Saludos
 
Cuando el mar besa la luna,
algo se desordena en la piel del tiempo,
como si las olas supieran
de ese lenguaje que tú y yo inventamos,
hecho de susurros que se ahogan entre dos bocas.
Te pienso,
y te haces espuma en el borde de mis pensamientos,
inmensa y pequeña,
como un suspiro que danza en la orilla de lo posible.

Tu cuerpo,
es la línea curva que el horizonte intenta abrazar
y nunca logra.
Es un deseo infinito,
como las ganas que me inundan
cuando el silencio entre nosotros es un eco que muerde.
Te desnudo con los ojos,
y eres un poema que se arrastra hasta mis manos,
una constelación de lunares
que navega en el mar de mis dedos.

Hemos aprendido a amarnos en el margen de lo eterno,
como si nuestros cuerpos fueran páginas de un libro
que alguien olvidó leer,
abandonadas en la biblioteca del azar.
Pero cuando te acercas,
como ola que viene y se va,
somos el verso suelto que desata las mareas.

Es tan sencillo perderse en ti,
como caer en el abismo dulce de una palabra,
como si la poesía tuviera sabor a sal
y a tu piel húmeda de lunas.
Entonces te beso,
y no importa si el mundo se rompe en mil pedazos,
porque en ese instante,
somos agua que lo llena todo,
una marea que desborda los límites del deseo.

Te amo,
como ama el mar a la luna,
en la distancia que se acerca sin tocar,
en la espera que nunca termina,
en el vaivén de las noches,
donde tú y yo somos sombra,
y luz,
y eternidad suspendida entre la marea y el cielo.

Fin.

Buenos versos amigo Anibal. Su lírica amorosa es interminable e inagotable.
Un placer siempre transitar por sus letras.
Un fuerte abrazo.

 
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