LUZYABSENTA
Poeta que no puede vivir sin el portal
Una evocación de los espacios intimos; hablar del aire, del viento...,
de las blancuras. Bello prisma de las evocaciones.
CUANDO EL VIENTO ESCRIBE (y la noche llena los cielos)
Evocando el latido velado y
ya esculpido por los deleites
en mi pecho de azar tu boca
es sombra para esta mañana,
conjunción de luz y destino
para una bella danza de vida.
No creo en la mustia aridez del mundo
cuando veo mi tierra frágil y adornada
de las mercedes aromáticas de tu cuerpo
que a mi regazo llegan como una primavera,
creo que se reúnen las esencias en infusiones
de tu prisma evocador de calmas entregadas.
El aire que respiramos es horizontalmente verde,
fragancias en ritmos de armonía y danza de soles,
tus gestos de primavera vibran en riqueza perfecta
agua en frescura de piel para beber en el misterio.
Cuando el viento escribe y la noche llena los cielos
se oye el grito de las manos, aves que eclosionan
en su peregrinaje endiosado de susurros acariciados
que aclaran las promesas de los huidos instantes.
Bella blancura imitando nuestra desnudez abierta
en la luz perfecta de los ojos que se rozan en un vuelo,
sin soledad abrigar las lagrimas, vivir decorados entre
emociones de horas radiantes y arroyos de claridad.
* * * * * * *
luzyabsenta
de las blancuras. Bello prisma de las evocaciones.
CUANDO EL VIENTO ESCRIBE (y la noche llena los cielos)
Evocando el latido velado y
ya esculpido por los deleites
en mi pecho de azar tu boca
es sombra para esta mañana,
conjunción de luz y destino
para una bella danza de vida.
No creo en la mustia aridez del mundo
cuando veo mi tierra frágil y adornada
de las mercedes aromáticas de tu cuerpo
que a mi regazo llegan como una primavera,
creo que se reúnen las esencias en infusiones
de tu prisma evocador de calmas entregadas.
El aire que respiramos es horizontalmente verde,
fragancias en ritmos de armonía y danza de soles,
tus gestos de primavera vibran en riqueza perfecta
agua en frescura de piel para beber en el misterio.
Cuando el viento escribe y la noche llena los cielos
se oye el grito de las manos, aves que eclosionan
en su peregrinaje endiosado de susurros acariciados
que aclaran las promesas de los huidos instantes.
Bella blancura imitando nuestra desnudez abierta
en la luz perfecta de los ojos que se rozan en un vuelo,
sin soledad abrigar las lagrimas, vivir decorados entre
emociones de horas radiantes y arroyos de claridad.
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