pecadocapital79
Poeta adicto al portal
Cuando éramos poetas,
pintábamos de ázul todos los blancos
y garabateábamos con flechas los corazones
y el amor era amor,
el románticismo no nos parecía un absurdo,
ni los besos un acto de recompensa.
Un café era una guerra de frases elocuentes
y un cigarro el descanso del buen sexo
y nos escribíamos versos en las espaldas,
en un idioma inventado por nosostros,
el abecededario estaba de nuestra parte
y la risa nos curaba la ira y los celos
y siempre había un te quiero en todas las cenas
y una caricia de desayuno.
Cuando éramos poetas,
éramos menos infelices,
menos humanos.
Ahora el tiempo nos acribilló por la espalda,
yo no soy el de las fotos,
ni me reconozco en el espejo.
Los domingos son siempre de resacas
y los lunes solo parecen lunes,
tu sonrisa emigró a un desconocido lugar
en donde me considero extanjero,
tus manos ya no palpan, mutilan,
a tu vientre se le marchitó la flor
y ambos vomítamos sobre los pétalos
y hubo un cólico de odio
entre tu pecho y el mío.
Cuando éramos poetas,
nos prestaba los versos la luna
o la lluvia golpeando en los cristales,
en los abrazos de tormentas,
éramos capaces de destrozar
la nítidez de los folios
con la pluma de los sábados.
Cuando éramos poetas,
el universo nos esperaba
sentado en las escaleras
de nuestro amplio ático.
Venus era nuestra alíada
y los amantes una químera imposible.
Ahora Dios está de vacaciones,
tu no te acuerdas de mi
y yo hago como que te olvido,
a veces escribo o llamo escribir
a este derroche de palabras innecesarias
que se mezclan y crean frases
cuando todo mi vocabulario podría reducirse
a la letra curva de tu inicial.
Follo a menudo a veces conmigo mismo
y otras con mujeres sin nombre
que me recuerdan que alguna vez fui poeta
y tu pertenecías a mis versos.
Bebo, no para esquivar aquello que fui,
ni para anestesiar las tristezas,
ni para ignorar que nos ámamos,
bebo para brindar que resisto
y resisto casi siempre
y vivo entre lineas de una mentira por contar
y una verdad que se me escapa entre los dedos,
de cuando éramos poetas
y el mundo era poesía.
pintábamos de ázul todos los blancos
y garabateábamos con flechas los corazones
y el amor era amor,
el románticismo no nos parecía un absurdo,
ni los besos un acto de recompensa.
Un café era una guerra de frases elocuentes
y un cigarro el descanso del buen sexo
y nos escribíamos versos en las espaldas,
en un idioma inventado por nosostros,
el abecededario estaba de nuestra parte
y la risa nos curaba la ira y los celos
y siempre había un te quiero en todas las cenas
y una caricia de desayuno.
Cuando éramos poetas,
éramos menos infelices,
menos humanos.
Ahora el tiempo nos acribilló por la espalda,
yo no soy el de las fotos,
ni me reconozco en el espejo.
Los domingos son siempre de resacas
y los lunes solo parecen lunes,
tu sonrisa emigró a un desconocido lugar
en donde me considero extanjero,
tus manos ya no palpan, mutilan,
a tu vientre se le marchitó la flor
y ambos vomítamos sobre los pétalos
y hubo un cólico de odio
entre tu pecho y el mío.
Cuando éramos poetas,
nos prestaba los versos la luna
o la lluvia golpeando en los cristales,
en los abrazos de tormentas,
éramos capaces de destrozar
la nítidez de los folios
con la pluma de los sábados.
Cuando éramos poetas,
el universo nos esperaba
sentado en las escaleras
de nuestro amplio ático.
Venus era nuestra alíada
y los amantes una químera imposible.
Ahora Dios está de vacaciones,
tu no te acuerdas de mi
y yo hago como que te olvido,
a veces escribo o llamo escribir
a este derroche de palabras innecesarias
que se mezclan y crean frases
cuando todo mi vocabulario podría reducirse
a la letra curva de tu inicial.
Follo a menudo a veces conmigo mismo
y otras con mujeres sin nombre
que me recuerdan que alguna vez fui poeta
y tu pertenecías a mis versos.
Bebo, no para esquivar aquello que fui,
ni para anestesiar las tristezas,
ni para ignorar que nos ámamos,
bebo para brindar que resisto
y resisto casi siempre
y vivo entre lineas de una mentira por contar
y una verdad que se me escapa entre los dedos,
de cuando éramos poetas
y el mundo era poesía.