Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando escucho tu nombre...
La ansiedad me recorre enloquecida;
hormiguea en mis venas el numen de lapizásuli,
el enjambre del alma
se alborota en mi sangre,
y el áureo pájaro de mi psique
parte el horizonte con sus alas en dos ígneos hemisferios;
Cuando siento tu aroma...
Enredado en el viento de mayo
se tuerce el invierno en níveo verano,
se esboza en los acres
el incienso misterioso del roble y laurel;
se rompen las redes
cuajando palabras de luz opalina,
se escapan los versos
cual saeta encendida desde la aljaba de cupido,
y vuela de golpe como una enardecida mariposa
un impávido clavel.
si escucho tu voz...
murmurar mis silencios,
un remanso se clava
como un venablo en las manos del viento
en el palpitar de mis ansias;
y el sentido enajenado se perfuma de ti.
Cuando tu metálica boca...
se funde en la mía
se entorpece mi poesía,
los versos azarosos se adelgazan
y se ciñe por el arco de tu espalda la perenne inspiración.
Cuando te entregas a mi cuerpo...
Me pulula tu salvaje geografía,
me adhiero en la colmena de tu lengua,
me embriago de tu aliento enardecido,
y desciende como lluvia
sobre el fértil de pasión
las glorias develadas de los dos.
Pero cuando tú no estás...
ojos de miel,
cielo envolvente,
cascabel de mis latidos;
emperatriz de porcelana,
simplemente
soy una apilada estiba de tu ausencia...