Solaribus
Poeta veterano en el portal
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Te esperaré una tarde muda de Septiembre,
crepuscular mi cuerpo, herido de infinito.
Con la constancia frutal, firme de mis manos
para invitarte a florecer sobre el destino.
Te esperaré una tarde urgente de azahares
fértil la tierra, humedecida por mis lágrimas.
Con mineral caricia de humus en los labios
y con el sol hecho pedazos en la espalda.
Caminaré descalzo sobre la hierba nueva
por el sendero antiguo aquél de tus abejas.
No volveré jamás sobre los pasos mustios,
aquellos grises que apartaron nuestras cepas.
No volveremos a conocer las heladas
aquellas blancas que quemaron nuestros brotes.
Sobre la acequia viva dejaré un ramito
de esperanzas, de melodías y de flores
para que sirvan de señal de que ya he vuelto.
Que por aquí he pasado rumbo de tus campos
a cosechar La Vida en canastas de mimbre
y en los ojos el cielo repleto de pájaros.
Resurgirán mis luciérnagas, hoy extintas,
alumbrarán la distancia del suelo al fruto
para medir así el espacio de los sueños.
¡Y es que el amor se mide en luz, se mide en pulsos!
Estaré ansioso de beberte en zumo eterno
como un cancionero que pacifique el alma.
En el riego dulce de tus noches de estrellas
que aclare mi mente como un néctar que sana.
Te esperaré una tarde muda de Septiembre,
la luna despuntando cobre por los tallos.
Tu corazón de ámbar lo sabrá una mañana:
¡Te esperaré! ¡Cuando florezcan los naranjos!
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