Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando la lluvia cae.
El telón se cierra desgarrante
y un mutis embarga mi hálito
paredes desplomadas me observan,
apuñalan mis sueños efímeros
y el alma se rompe en añicos
desgranando lágrimas de dolor
que anudan mi existencia, convirtiendo
mi esperanza en bloques de hielo
cruzada por hierros punzantes,
gajos de sangre bañan mi pecho,
mis manos inertes se desvanecen,
mis labios se secan y agrietan,
mis ojos se ciegan, el aire se filtra
en mi alma, condensado en copos de nieve
y un frío intenso me arrulla,
tiembla mi cuerpo muriendo.
Y el mástil suelta las amarras
cayendo mi barco en naufragio.
¡Cuánta lluvia ! mis ropas mojadas
se apegan a mi piel marchita,
es allí en la arena de tu playa
que busco tus huellas perdidas
y en aquella higuera maldita
donde grabamos nuestros nombres
fue tragado por el miserable ciclón de la lluvia.
Ahora no sé, ni tu nombre,
y en la mezquita de mi corazón
sólo quedan escarabajos teñidos de sangre,
tu ausencia pintada en hojas de hiedra
y en un arcoíris mezquino, danzan mariposas
negras, augurando una noche de luna muerta.
Ya las golondrinas no regresarán
a dejar su canto en mi jardín enlutado
y abrazado por un lamento, un susurro, un suspiro.
Una esperanza con las alas rotas....
Y ahora ¿ Quién soy ?
¡ No soy nadie...... !
Me miro al reflejo del agua
Y no soy, no estoy, no existo.
Elizabeth Flores.
04 / 01 / 13
y un mutis embarga mi hálito
paredes desplomadas me observan,
apuñalan mis sueños efímeros
y el alma se rompe en añicos
desgranando lágrimas de dolor
que anudan mi existencia, convirtiendo
mi esperanza en bloques de hielo
cruzada por hierros punzantes,
gajos de sangre bañan mi pecho,
mis manos inertes se desvanecen,
mis labios se secan y agrietan,
mis ojos se ciegan, el aire se filtra
en mi alma, condensado en copos de nieve
y un frío intenso me arrulla,
tiembla mi cuerpo muriendo.
Y el mástil suelta las amarras
cayendo mi barco en naufragio.
¡Cuánta lluvia ! mis ropas mojadas
se apegan a mi piel marchita,
es allí en la arena de tu playa
que busco tus huellas perdidas
y en aquella higuera maldita
donde grabamos nuestros nombres
fue tragado por el miserable ciclón de la lluvia.
Ahora no sé, ni tu nombre,
y en la mezquita de mi corazón
sólo quedan escarabajos teñidos de sangre,
tu ausencia pintada en hojas de hiedra
y en un arcoíris mezquino, danzan mariposas
negras, augurando una noche de luna muerta.
Ya las golondrinas no regresarán
a dejar su canto en mi jardín enlutado
y abrazado por un lamento, un susurro, un suspiro.
Una esperanza con las alas rotas....
Y ahora ¿ Quién soy ?
¡ No soy nadie...... !
Me miro al reflejo del agua
Y no soy, no estoy, no existo.
Elizabeth Flores.
04 / 01 / 13
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