Y la lluvia se deshace en mis manos
mientras lo pérfido se hace absurdo,
va naufragando como ola a la nada,
pasajero del destino y sumergido
livar el líquido de envidia en las manos,
ser del suplicio de los graciles versos,
verter la gota amarga tras mis pasos
ansiar no perderme en este naufragio eterno,
como eternos son los pesares
y eternos son los cielos
en mi mundo desconsolado.