TAVOAM
Poeta veterano
CUANDO ME ALEJAS
Cuando te tiembla la mano,
acariciando mi norte,
ansiando poseerlo,
apenas habiéndolo yo vislumbrado,
sin haberlo aun amado,
es entonces cuando me hieres,
me obligas al naufragio;
mi sueño no es la nube exacta, donde perfecta te posas,
es aquel cielo nuestro, donde tu vuelo me roza.
Cuando dibujas las palabras, y les mides el efecto,
y las pronuncias mayúsculas, mas con esencias anónimas,
cual trueno lejano, de lluvias distantes,
es entonces cuando te ausentas,
me llegan mudas tus entrañas;
nunca quise un discurso prestado, de rimas tiranas,
amo esa voz aniñada, buscando soles entre tormentas.
Cuando me miras sin tus ojos,
buscando la última estrella de mi noche,
tan absorta en tu esfuerzo, sin reparar que ya es de día,
y no traspasas siquiera mi retina,
es entonces cuando caes del arco iris, me abandonas,
dejas mi amor a solas con tu cuerpo, sin ti;
no espero verte desandar sin dudas mi eterno laberinto,
adoro tu caminar alegre, segura, a ciegas por mi alma.
Cuando olvidas el fresco aire que trae tu risa,
y lo perfumas con flores ajenas,
como quien busca endulzar el mar,
entonces aburres mis pulmones,
es allí cuando me alejas,
me devuelves a la curva sin mares,
sin siquiera una vertiente.
No quería que fuéramos los reyes de esta tierra,
quería un mundo nuestro,
ser reyes y peones,
dioses y creyentes,
amos y siervos.
Pero pasas de largo la entrada de nuestro paraíso
tan veloz caminas que ni huellas dejas en mi barro;
dominaste tus sentidos, tanto . . .
que ya no oyes al atardecer,
el sol golpeando el horizonte.
TAVO.
Cuando te tiembla la mano,
acariciando mi norte,
ansiando poseerlo,
apenas habiéndolo yo vislumbrado,
sin haberlo aun amado,
es entonces cuando me hieres,
me obligas al naufragio;
mi sueño no es la nube exacta, donde perfecta te posas,
es aquel cielo nuestro, donde tu vuelo me roza.
Cuando dibujas las palabras, y les mides el efecto,
y las pronuncias mayúsculas, mas con esencias anónimas,
cual trueno lejano, de lluvias distantes,
es entonces cuando te ausentas,
me llegan mudas tus entrañas;
nunca quise un discurso prestado, de rimas tiranas,
amo esa voz aniñada, buscando soles entre tormentas.
Cuando me miras sin tus ojos,
buscando la última estrella de mi noche,
tan absorta en tu esfuerzo, sin reparar que ya es de día,
y no traspasas siquiera mi retina,
es entonces cuando caes del arco iris, me abandonas,
dejas mi amor a solas con tu cuerpo, sin ti;
no espero verte desandar sin dudas mi eterno laberinto,
adoro tu caminar alegre, segura, a ciegas por mi alma.
Cuando olvidas el fresco aire que trae tu risa,
y lo perfumas con flores ajenas,
como quien busca endulzar el mar,
entonces aburres mis pulmones,
es allí cuando me alejas,
me devuelves a la curva sin mares,
sin siquiera una vertiente.
No quería que fuéramos los reyes de esta tierra,
quería un mundo nuestro,
ser reyes y peones,
dioses y creyentes,
amos y siervos.
Pero pasas de largo la entrada de nuestro paraíso
tan veloz caminas que ni huellas dejas en mi barro;
dominaste tus sentidos, tanto . . .
que ya no oyes al atardecer,
el sol golpeando el horizonte.
TAVO.