Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando me querías,
yo llegaba sereno, y desde lejos,
me sonreían tú y tu casa.
Llegaba al atardecer:
Rescoldos por la calle, mi cigarro,
y el sol entre las cañas.
Comenzaba noviembre
y el amor me henchía las venas
con turbulencia de parra.
Entonces, a pasional labor
y férvida cadencia vendimiaste,
racimo y zumo, mis ansias.
Divisé, cuando me dejaste,
guarecida tu sonrisa desde lejos.
Tu casa, ¡como tapiada!
Entonces libré mi otoño
y al tedio de tu amor desfallecido,
¡barrí envuelto en hojarasca!
Y me fui como no vine:
rescoldos por la pena, mi fracaso,
y el sol entre nostalgias.
©Juan Oriental
yo llegaba sereno, y desde lejos,
me sonreían tú y tu casa.
Llegaba al atardecer:
Rescoldos por la calle, mi cigarro,
y el sol entre las cañas.
Comenzaba noviembre
y el amor me henchía las venas
con turbulencia de parra.
Entonces, a pasional labor
y férvida cadencia vendimiaste,
racimo y zumo, mis ansias.
Divisé, cuando me dejaste,
guarecida tu sonrisa desde lejos.
Tu casa, ¡como tapiada!
Entonces libré mi otoño
y al tedio de tu amor desfallecido,
¡barrí envuelto en hojarasca!
Y me fui como no vine:
rescoldos por la pena, mi fracaso,
y el sol entre nostalgias.
©Juan Oriental
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