Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando mi lengua se desliza
en el laberinto de tu piel,
los relojes se detienen,
y el mundo se disuelve
en un mar de suspiros.
Cada palabra no dicha
se convierte en caricia,
cada susurro de mi aliento
se hunde en los misterios
de tu respiración.
Mis labios navegan
por los ríos de tus deseos,
sin fronteras, sin tiempo,
mientras tus latidos
son el eco de mi viaje.
Es en ese silencio,
donde nuestros cuerpos hablan,
sin lenguaje, sin barreras,
solo la piel, solo el alma,
solo el fuego que no se apaga.
Y así, cuando mi lengua
desaparece en tu cuerpo,
no hay más que este instante,
donde somos eternos,
donde somos uno.
en el laberinto de tu piel,
los relojes se detienen,
y el mundo se disuelve
en un mar de suspiros.
Cada palabra no dicha
se convierte en caricia,
cada susurro de mi aliento
se hunde en los misterios
de tu respiración.
Mis labios navegan
por los ríos de tus deseos,
sin fronteras, sin tiempo,
mientras tus latidos
son el eco de mi viaje.
Es en ese silencio,
donde nuestros cuerpos hablan,
sin lenguaje, sin barreras,
solo la piel, solo el alma,
solo el fuego que no se apaga.
Y así, cuando mi lengua
desaparece en tu cuerpo,
no hay más que este instante,
donde somos eternos,
donde somos uno.