Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Enseñando uñas y dientes
en verano,
el sol abre los cielos.
Todo huele a cicatrices en las hojas,
bajo ellas, la herida palpitante
consume la noche dedo a dedo.
Un amplio mordisco
acaba con los hielos y con las pesadillas
huyendo de lo alto.
Allá por donde la lengua
extiende alfombras de deseo,
se desnuda lo oscuro
del hambre que cohabita
al otro lado de puertas,
sobre lechos revueltos.
Quedan los rezos colgando de un hilo.
Las mariposas creen en un dios
cuando se posan
y se olvidan del aire
un instante.
La gravedad de la luz
descompuesta en partículas,
no sabe que es la ceniza de otro día.
El verano habla de un polvo en cada huella,
la soledad de una cortina que se corre.
Cuando no hay calor el verano no basta;
tendremos que salvarnos bajo el fuego.