Siempre cuando nos despedimos,
yo te odio, ¡te odio con mi alma!
como te estoy odiando ahora.
Porque hiciste un gesto
que no me pudo agradar,
porque me pediste que me fuera
o simplemente porque nos despedimos.
Cuando nos dejamos de ver,
esos minutos cuando nos separamos,
después del acaso de la conversación,
en ese preciso instante, y algunos que le siguen,
yo te odio, como no sé odiar...
Cuando nos despedimos yo te odio,
pero...
¿Qué te ocurrirá a ti?
Me odiarás un poco menos
o me amarás un poco más.
¿Qué te ocurrirá?
No importa que te ocurra
porque después,
cuando volvemos al ritual,
todo se olvida,
salvo amar...