Camy
Camelia Miranda
La brisa encantadora
ahora ruge delirante,
veloz, implacable
y flagela la calma,
como miles de hojillas filosas
al unísono y exaltando el miedo.
Furia en la voz del viento,
los peces no tienen refugio
y las gaviotas presagian
la incontenible fuerza.
Las algas se doblegan a su merced,
no hay cantos,
la ballena se sumió en el silencio,
un soplo enardecido del cielo
golpea la tranquilidad
y las olas redimieron su culpa;
se elevan frenéticas,
sin destino, envuelven sin freno,
sacuden su suelo.
Tinieblas en segundos,
-la quietud es una quimera-
devastada la noche;
relampaguea,
y se ve el mar embravecido,
la luz de los rayos
como látigos no le dan respiro,
y al tocar tierra su fuego abrasa.
Una fracción del tiempo
y todo cambia...
El ballenato salió a respirar
y es que el mar está cansado;
las corrientes vuelven a su cauce,
se aclaran las aguas
y la arena descansa,
las gaviotas cantan,
libres del viento
y el sol entibia el azul,
la tempestad fue solo eso….
-una breve borrasca-
(Publicado en Mundo poesía el 02 de Abril del 2008)