jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
cuando pase el covit lo primero que haré
será volver a san blas
a la playa del borrego
a la ramada-bar de mi compadre majahuis, ese cabrón borrachín
al que tengo 15 años sin ver
ni saber nada de él
-ni siquiera un rumor, ni siquiera un mensaje telepático-
tal vez haya muerto ya
tal vez
haya acabado de enloquecer
tal vez sea el perro que ladra a la entrada del bar
y se contente si le echan un hueso
volveré a san blas
manejando tranquilo las 3 horas que hay desde sayulita hasta allá
me llevaré una hielera en el asiento a mi lado en el coche
y me iré tomando mis cervecitas sin apresurarme demasiado
disfrutando del viaje, del paisaje, de la mañana y del sol
una mano en el volante y la otra sosteniendo una lata de cerveza
enfilaré hacia san blas sabiendo perfectamente que no hallaré nada allí
de aquello que iré a buscar
no hallaré a mi compadre majahuis
no hallaré la ramada en la playa donde nos emborrachábamos hace 15 años
no hallaré aquella tonalidad de cielo que contemplé al caer la tarde
y me quedó grabada en la cabeza la última vez
no hallaré aquel par de chicas que atendían las mesas
cuyo nombre no recuerdo
morenas, delgadas, con sus dientes tan blancos
no hallaré nada en san blas, no sé qué jodido negocio tengo allí para atender
pero de todos modos voy a ir
cuando se acabe esta mamada del covit
pondré rumbo a san blas y conduciré tres horas sin dejar de beber hasta llegar
como en los viejos tiempos
cuando iba de un lugar a otro empujándome una cerveza tras otra
que compraba de a dos o tres latas por tienda para tomarlas siempre frías
aprovechando que cada pocos kilómetros, de un lado o del otro de la carretera
había un depósito de venta de cerveza a escasos metros de la orilla
feliz y agradecido con la vida y el destino
porque me había hecho nacer en un lugar donde se fabrica esta cerveza de puta madre
para colmo barata y que puedes comprar en millones de lugares
no puede uno recorrer ni 2 kilómetros incluso en la carretera menos transitada del país
sin hallar un expendio de cerveza helada abierto hasta medianoche
y lleno hasta arriba de cerveza refrigerada a 1 grado centígrado
puta madre, qué puto pais tan verga es méxico en ese aspecto
podrás no encontrar ni una puta escuela en 200 kilómetros a la redonda
podrás no dar con un hospital de quinta donde te pongan una inyección de urgencia
y morirte después de una agonía de 3 horas por picadura de tarántula
podrás no hallar un solo libro del mejor poeta vivo de jalisco en todo jalisco
por si acaso anduvieras por estos rumbos y quisieras que yo te lo autografiara
pero puedes apostar un huevo que en la siguiente calle en que te metas
vas a encontrar una o dos cantinas, un almacen de vinos con ofertas y promociones
irresistibles para que te surtas para el puto partido de futbol de esta noche
dos camiones de carga de 5 toneladas llenos de latas y botellas de cerveza
una sucursal de la europea, ultramarinos y delicatessen
y un tugurio de mala muerte infestado de ficheras y taloneras borrachas hasta el culo
que te cogerán del brazo cuando vayas pasando y te atraerán hacia su oscura guarida
para iniciarte en los recónditos arcanos del emputecimiento alcohólico
bueno, en fin, como les decía
cuando se acabe esta vaina del covit
voy a lanzarme en mi viejo cuatro ruedas derechito a san blas
donde no hallaré nada, eso por descontado
donde no estarán mis viejos amigos ni mis cariñosas amigas
donde no habrá nada, solo el mismo mar picado de siempre
la playa de siempre, larga y ancha y barrida por ese ventarrón incansable
un viaje que será como un puro gesto simbolico
como una especie de ceremonia de reinicio de las antiguas cosas
que hacíamos los hombres en las edades pretéritas
algo por el estilo, qué sé yo
iré a san blas, en el coche, empinando el codo de lo lindo
y al llegar bajaré a la playa y me sacaré la verga y echaré los meados donde revientan las olas
hasta vaciar completamente la vejiga en el mar
.
será volver a san blas
a la playa del borrego
a la ramada-bar de mi compadre majahuis, ese cabrón borrachín
al que tengo 15 años sin ver
ni saber nada de él
-ni siquiera un rumor, ni siquiera un mensaje telepático-
tal vez haya muerto ya
tal vez
haya acabado de enloquecer
tal vez sea el perro que ladra a la entrada del bar
y se contente si le echan un hueso
volveré a san blas
manejando tranquilo las 3 horas que hay desde sayulita hasta allá
me llevaré una hielera en el asiento a mi lado en el coche
y me iré tomando mis cervecitas sin apresurarme demasiado
disfrutando del viaje, del paisaje, de la mañana y del sol
una mano en el volante y la otra sosteniendo una lata de cerveza
enfilaré hacia san blas sabiendo perfectamente que no hallaré nada allí
de aquello que iré a buscar
no hallaré a mi compadre majahuis
no hallaré la ramada en la playa donde nos emborrachábamos hace 15 años
no hallaré aquella tonalidad de cielo que contemplé al caer la tarde
y me quedó grabada en la cabeza la última vez
no hallaré aquel par de chicas que atendían las mesas
cuyo nombre no recuerdo
morenas, delgadas, con sus dientes tan blancos
no hallaré nada en san blas, no sé qué jodido negocio tengo allí para atender
pero de todos modos voy a ir
cuando se acabe esta mamada del covit
pondré rumbo a san blas y conduciré tres horas sin dejar de beber hasta llegar
como en los viejos tiempos
cuando iba de un lugar a otro empujándome una cerveza tras otra
que compraba de a dos o tres latas por tienda para tomarlas siempre frías
aprovechando que cada pocos kilómetros, de un lado o del otro de la carretera
había un depósito de venta de cerveza a escasos metros de la orilla
feliz y agradecido con la vida y el destino
porque me había hecho nacer en un lugar donde se fabrica esta cerveza de puta madre
para colmo barata y que puedes comprar en millones de lugares
no puede uno recorrer ni 2 kilómetros incluso en la carretera menos transitada del país
sin hallar un expendio de cerveza helada abierto hasta medianoche
y lleno hasta arriba de cerveza refrigerada a 1 grado centígrado
puta madre, qué puto pais tan verga es méxico en ese aspecto
podrás no encontrar ni una puta escuela en 200 kilómetros a la redonda
podrás no dar con un hospital de quinta donde te pongan una inyección de urgencia
y morirte después de una agonía de 3 horas por picadura de tarántula
podrás no hallar un solo libro del mejor poeta vivo de jalisco en todo jalisco
por si acaso anduvieras por estos rumbos y quisieras que yo te lo autografiara
pero puedes apostar un huevo que en la siguiente calle en que te metas
vas a encontrar una o dos cantinas, un almacen de vinos con ofertas y promociones
irresistibles para que te surtas para el puto partido de futbol de esta noche
dos camiones de carga de 5 toneladas llenos de latas y botellas de cerveza
una sucursal de la europea, ultramarinos y delicatessen
y un tugurio de mala muerte infestado de ficheras y taloneras borrachas hasta el culo
que te cogerán del brazo cuando vayas pasando y te atraerán hacia su oscura guarida
para iniciarte en los recónditos arcanos del emputecimiento alcohólico
bueno, en fin, como les decía
cuando se acabe esta vaina del covit
voy a lanzarme en mi viejo cuatro ruedas derechito a san blas
donde no hallaré nada, eso por descontado
donde no estarán mis viejos amigos ni mis cariñosas amigas
donde no habrá nada, solo el mismo mar picado de siempre
la playa de siempre, larga y ancha y barrida por ese ventarrón incansable
un viaje que será como un puro gesto simbolico
como una especie de ceremonia de reinicio de las antiguas cosas
que hacíamos los hombres en las edades pretéritas
algo por el estilo, qué sé yo
iré a san blas, en el coche, empinando el codo de lo lindo
y al llegar bajaré a la playa y me sacaré la verga y echaré los meados donde revientan las olas
hasta vaciar completamente la vejiga en el mar
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