Rafael Llamas Jimenez
Poeta veterano en el portal
CUANDO SE IBA EL MANIJERO
Con una pena que hiela
el alma al verla pasar,
camino del cementerio
¡Manuela rompe a llorar!
Parece que lo estoy viendo
en mitad del olivar,
clavándome sus ojitos
sin dejar de varear.
Me miraba y sonreía
cuando se iba el manijero,
aprovechaba un descuido
para decirme ¡te quiero!
Recogiendo la aceituna,
aclarando el algodón,
segando el trigo en verano,
en invierno haciendo picón.
Le lleva un ramo de rosas
aunque José no quería,
y secándose las lágrimas
recuerda que le decía:
Si me muero antes que tú
¡chiquilla, flores no quiero!
el día que vayas a verme
lleva contigo al jilguero,
lo pones al solecito
a ver si rompe a cantar,
que me despierte un ratito
para poderte besar.
Rafael Llamas Jiménez
Con una pena que hiela
el alma al verla pasar,
camino del cementerio
¡Manuela rompe a llorar!
Parece que lo estoy viendo
en mitad del olivar,
clavándome sus ojitos
sin dejar de varear.
Me miraba y sonreía
cuando se iba el manijero,
aprovechaba un descuido
para decirme ¡te quiero!
Recogiendo la aceituna,
aclarando el algodón,
segando el trigo en verano,
en invierno haciendo picón.
Le lleva un ramo de rosas
aunque José no quería,
y secándose las lágrimas
recuerda que le decía:
Si me muero antes que tú
¡chiquilla, flores no quiero!
el día que vayas a verme
lleva contigo al jilguero,
lo pones al solecito
a ver si rompe a cantar,
que me despierte un ratito
para poderte besar.
Rafael Llamas Jiménez