Évano
Libre, sin dioses.
Cuando los besos sean piedras
y los ojos se vayan a la esquina
para no ver las alas caídas,
es cuando habremos de partir.
Cuando la presencia moleste
con la excusa de cualquier ruido
y el sofá se haga inmenso
para dos cuerpos alejados
con corazones que no sienten,
es cuando habremos de partir
sin decir palabra alguna.
Cuando durmamos con espaldas
en una cama más que gélida
deseando que llegue el alba,
es cuando habremos de partir
sin decir palabra alguna,
porque las palabras se fueron.
Cuando los días rueden solos
a un abismo inevitable
con los besos que no nos dimos,
es cuando habremos de partir
sin decir palabra alguna,
porque las palabras se fueron
en nuestros años de silencio.
Cuando todo esto nos ocurra
no nos hará falta morir;
habremos muerto cada día
que nos callamos nuestro amor.
Esta es la muerte verdadera,
la otra, sólo pudre la carne.
y los ojos se vayan a la esquina
para no ver las alas caídas,
es cuando habremos de partir.
Cuando la presencia moleste
con la excusa de cualquier ruido
y el sofá se haga inmenso
para dos cuerpos alejados
con corazones que no sienten,
es cuando habremos de partir
sin decir palabra alguna.
Cuando durmamos con espaldas
en una cama más que gélida
deseando que llegue el alba,
es cuando habremos de partir
sin decir palabra alguna,
porque las palabras se fueron.
Cuando los días rueden solos
a un abismo inevitable
con los besos que no nos dimos,
es cuando habremos de partir
sin decir palabra alguna,
porque las palabras se fueron
en nuestros años de silencio.
Cuando todo esto nos ocurra
no nos hará falta morir;
habremos muerto cada día
que nos callamos nuestro amor.
Esta es la muerte verdadera,
la otra, sólo pudre la carne.
Última edición: