chc
Christian
Y yo te espero,
tras la inquieta calma
de mis piernas cruzadas,
que aprisionan mi testarudez
cuando de comprenderte se trata.
Me abriga esta caprichosa conveniencia
que no me abandona todavía,
a pesar del inefable intento
de sucumbir ante la realidad.
Busqué tantos atajos
para llegar a comprenderte,
que en el camino he dejado
un campo de pequeños olvidos,
el lodo desconcertante
que ensucia desmesuradamente
el concierto del nosotros.
Yo conozco mi avidez,
mis ansias, mi afán, mi ambición,
mi propensión, mi apetito
por abrazarte por completo,
pero esta vez sin atajos
ni puentes, ni océanos de por medio.
Y quisiera devorar
con enfermiza glotonería
nuestros desajustes cotidianos,
mi desajuste,
mi inconveniencia.
Sé, que cuando te espero,
encuentro los defectos
que no veo,
o que tal vez me invento,
en honor al fastidio y a la dicha
de no acostumbrarme
a pensar en voz alta
sin el asentir o disentir
de tu sentir.
Pero cuando llegás,
todo es distinto.
Y toda la telaraña maquinaria
que se teje sin razón ni argumento,
ni para mí ni para nadie,
se desteje para vos y para mí
con fundamento y sin pretextos.
Porque quien sabe la hora exacta,
en que sin permiso y a escondidas,
en un gesto desapercibido
se seca el rocío.
Entonces no me escuches
cuando no te hablo.
No me sigas
cuando mi espalda sea visible.
No acates mi desacato
hacia tus dulces mandatos.
No me leas
cuando yo no me explique
como escribo todavía.
tras la inquieta calma
de mis piernas cruzadas,
que aprisionan mi testarudez
cuando de comprenderte se trata.
Me abriga esta caprichosa conveniencia
que no me abandona todavía,
a pesar del inefable intento
de sucumbir ante la realidad.
Busqué tantos atajos
para llegar a comprenderte,
que en el camino he dejado
un campo de pequeños olvidos,
el lodo desconcertante
que ensucia desmesuradamente
el concierto del nosotros.
Yo conozco mi avidez,
mis ansias, mi afán, mi ambición,
mi propensión, mi apetito
por abrazarte por completo,
pero esta vez sin atajos
ni puentes, ni océanos de por medio.
Y quisiera devorar
con enfermiza glotonería
nuestros desajustes cotidianos,
mi desajuste,
mi inconveniencia.
Sé, que cuando te espero,
encuentro los defectos
que no veo,
o que tal vez me invento,
en honor al fastidio y a la dicha
de no acostumbrarme
a pensar en voz alta
sin el asentir o disentir
de tu sentir.
Pero cuando llegás,
todo es distinto.
Y toda la telaraña maquinaria
que se teje sin razón ni argumento,
ni para mí ni para nadie,
se desteje para vos y para mí
con fundamento y sin pretextos.
Porque quien sabe la hora exacta,
en que sin permiso y a escondidas,
en un gesto desapercibido
se seca el rocío.
Entonces no me escuches
cuando no te hablo.
No me sigas
cuando mi espalda sea visible.
No acates mi desacato
hacia tus dulces mandatos.
No me leas
cuando yo no me explique
como escribo todavía.
::