Me cuelgo del aire de tus manos
y mecida en vuelo sumerjo mi respiro
en tu apacible hondonada
Me filtro en tu lengua frondosa,
terreno propicio a los suspiros
de mi alma
Amo el silencio blanco
que depositas en mis bordes,
revelándome la visión del águila en tinta,
que apresura su caída sobre mi lienzo alado
Captura mi frente el sabor que hipnotiza,
que procede de tu llano sustancioso
y pronto celebran mis jardines interiores
la divina unción de las mariposas de tus ojos
Me dejo besar por tus labios cósmicos
cuya celeste piel me orbita el aliento
y degusto una nueva constelación de versos,
pintándome armónico el firmamento
En un torrente de nebulosas dactilares
amasas la huella de mi cielo,
lo vuelves alfombra de plata,
ilusión de una copa de fuego,
que rebosante de la miel de Júpiter,
argumenta un arco iris etéreo,
cuyos extremos flotan en el vapor colorido
que nace de mi pecho cuando te leo