pecadocapital79
Poeta adicto al portal
Cuando te vas solo se oye
el leve aleteo de las moscas
y hay una ola de un mar desconocido
mojándome por dentro.
Porque cuando te vas yo hago lectura de labios,
agarras el pomo de la puerta
y yo quiero ser sordo.....
y ciego si la atraviesas.
Porque tu ausencia me sabe a mermelada amarga.
Siempre que te vas hay huelga de caricias
y nudos en mi pelo,
se me olvidan como huelen las violetas,
como mienten las canciones de la radio,
se me olvida respirar
y maldecirte.
Y siempre que te vas yo tengo frío,
me convierto en un charco
donde juegan los niños
que no quieren ser hombres.
Y nadie me echa de menos cuando te vas
y hago crucigramas con tu nombre,
y soluciono mis problemas cotidianos
lloviendo en los ojos de la gente.
Otra multitud y tu te vas,
y vuelvo a la lectura de labios,
escapo de tus sílabas desérticas,
de cuanto dolor puede encerrar una palabra
si la lanza tu boca de piedra
y tus labios de flecha,
si se desvela la verdad
que se adormece en tu lengua.
Te vas y lo dices
y yo quiero ser sordo
y luego ciego.
-Adiós.
Como si la vida cupiera en tan sólo cinco letras.
Y cabe.
Ahora solo se oye el leve aleteo de las moscas
y una ola de un mar desconocido
mojándome por dentro.
el leve aleteo de las moscas
y hay una ola de un mar desconocido
mojándome por dentro.
Porque cuando te vas yo hago lectura de labios,
agarras el pomo de la puerta
y yo quiero ser sordo.....
y ciego si la atraviesas.
Porque tu ausencia me sabe a mermelada amarga.
Siempre que te vas hay huelga de caricias
y nudos en mi pelo,
se me olvidan como huelen las violetas,
como mienten las canciones de la radio,
se me olvida respirar
y maldecirte.
Y siempre que te vas yo tengo frío,
me convierto en un charco
donde juegan los niños
que no quieren ser hombres.
Y nadie me echa de menos cuando te vas
y hago crucigramas con tu nombre,
y soluciono mis problemas cotidianos
lloviendo en los ojos de la gente.
Otra multitud y tu te vas,
y vuelvo a la lectura de labios,
escapo de tus sílabas desérticas,
de cuanto dolor puede encerrar una palabra
si la lanza tu boca de piedra
y tus labios de flecha,
si se desvela la verdad
que se adormece en tu lengua.
Te vas y lo dices
y yo quiero ser sordo
y luego ciego.
-Adiós.
Como si la vida cupiera en tan sólo cinco letras.
Y cabe.
Ahora solo se oye el leve aleteo de las moscas
y una ola de un mar desconocido
mojándome por dentro.