José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
En nuestro andar
alguien cojeaba.
Y por cojear
se rompe el ritmo
de andar al compás
de un paso tras otro paso.
Al unísono.
Revertido
el paso
de quien
cojea por cojear.
Es el paso maldiestro
que el traspiés
de un instante te tira,
te retira
y da paso al sustituto
que sigue el ritmo
de la marcha
que otro inició.
Para notificar mi perdida me cogiste la mano,
me besaste en los labios.
Esos besos fríos que se dan con fuerza
y te desvaneciste
o me desvanecí yo.
No recuerdo ahora.
alguien cojeaba.
Y por cojear
se rompe el ritmo
de andar al compás
de un paso tras otro paso.
Al unísono.
Revertido
el paso
de quien
cojea por cojear.
Es el paso maldiestro
que el traspiés
de un instante te tira,
te retira
y da paso al sustituto
que sigue el ritmo
de la marcha
que otro inició.
Para notificar mi perdida me cogiste la mano,
me besaste en los labios.
Esos besos fríos que se dan con fuerza
y te desvaneciste
o me desvanecí yo.
No recuerdo ahora.
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