Jeison
Poeta fiel al portal
............................................A Lina Bautista
Cuando vuelva a ser niño nuevamente
no atacaré las dudas con hostigo
ni mezclaré la brea con helado
ni besaré la sarna como si fuera aceite
ni la espuma ni el trigo que pasé como estiércol.
Una vez más, de una u otra forma
paseará a mi lado el bastón del cansancio,
y su toc-toc, como un ratón herido, gritará:
“te busqué hasta en los dientes”.
Pero ese sentirse in-sentido,
ese volver marchándose
cuando ya se ha llenado la maleta con piedras
me quema, amiga mía
me quema, usted lo sabe.
Y si al peinarme
ellos dijeran: “¡Mira! ¡Qué joven se ve ahora!”
Lucir un pantalón cuando acabe el almuerzo
o una angosta bermuda
en medio de un concierto de Frédéric Chopin,
ese señor tan ágil, tan relleno de música.
Pero no puedo más que anhelar otra vida,
otra oportunidad para pulir mis huesos
antes de balancearlos al cajón de la infancia
y olvidar allí todas las metas que propondré adelante.
A los dos años el café y la compota.
A los tres el cigarro y la ensalada.
Después, tan solo habrá
un pedazo de queso entre los dientes
o una tira de pan para pensar:
¿Le echaré mermelada en las orillas?
Cuando vuelva a ser niño nuevamente
habré, de seguro, olvidado
que el reloj, más que la hora marca el espacio.
no atacaré las dudas con hostigo
ni mezclaré la brea con helado
ni besaré la sarna como si fuera aceite
ni la espuma ni el trigo que pasé como estiércol.
Una vez más, de una u otra forma
paseará a mi lado el bastón del cansancio,
y su toc-toc, como un ratón herido, gritará:
“te busqué hasta en los dientes”.
Pero ese sentirse in-sentido,
ese volver marchándose
cuando ya se ha llenado la maleta con piedras
me quema, amiga mía
me quema, usted lo sabe.
Y si al peinarme
ellos dijeran: “¡Mira! ¡Qué joven se ve ahora!”
Lucir un pantalón cuando acabe el almuerzo
o una angosta bermuda
en medio de un concierto de Frédéric Chopin,
ese señor tan ágil, tan relleno de música.
Pero no puedo más que anhelar otra vida,
otra oportunidad para pulir mis huesos
antes de balancearlos al cajón de la infancia
y olvidar allí todas las metas que propondré adelante.
A los dos años el café y la compota.
A los tres el cigarro y la ensalada.
Después, tan solo habrá
un pedazo de queso entre los dientes
o una tira de pan para pensar:
¿Le echaré mermelada en las orillas?
Cuando vuelva a ser niño nuevamente
habré, de seguro, olvidado
que el reloj, más que la hora marca el espacio.
Jeison Villalba.
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