punto de letra
Poeta recién llegado
Cuatro paredes a medio pintar,
baño de cerámica verde, baño parlante,
orificio de ventanal, ventanal de vista pobre,
ventilador de tres aspas sucias, ventilador, ojos de la habitación.
Colchón azul, hundido.
Colchón que fue juez de los actos, de la pasión, de todas las posiciones.
Colchón que no pudo conceder todos los ruegos, colchón que ardió con el fuego de dos cuerpos en convulsión.
Colchón que sin más poder expulso a los cuerpos,
cuerpos que sin darse cuenta, se encontraron en la alfombra tierrosa de la habitación.
Alfombra que absorbió todas las palabras, todos los gemidos y el sudor de tales cuerpos.
Cuerpos que encelaban a las paredes.
Paredes que accedieron ser coro del gozo, de la satisfacción de la pareja visitante.
Visitantes como muchos.
Visitantes que frente al eco del delirio, se fueron calentando, se fueron contagiando.
Contagiados por el rezo al cuerpo, sofocados por la fiebre carnal que dos seres distintos pueden sentir al aproximar sus cuerpos, al dejar ser tocados por otras manos, al sentir voces silentes que los incitan al arte de amar.
Amantes sin rostros.
Amantes que sin darse cuenta, estaban todos bajo un mismo coro, bajo un mismo pensar.
baño de cerámica verde, baño parlante,
orificio de ventanal, ventanal de vista pobre,
ventilador de tres aspas sucias, ventilador, ojos de la habitación.
Colchón azul, hundido.
Colchón que fue juez de los actos, de la pasión, de todas las posiciones.
Colchón que no pudo conceder todos los ruegos, colchón que ardió con el fuego de dos cuerpos en convulsión.
Colchón que sin más poder expulso a los cuerpos,
cuerpos que sin darse cuenta, se encontraron en la alfombra tierrosa de la habitación.
Alfombra que absorbió todas las palabras, todos los gemidos y el sudor de tales cuerpos.
Cuerpos que encelaban a las paredes.
Paredes que accedieron ser coro del gozo, de la satisfacción de la pareja visitante.
Visitantes como muchos.
Visitantes que frente al eco del delirio, se fueron calentando, se fueron contagiando.
Contagiados por el rezo al cuerpo, sofocados por la fiebre carnal que dos seres distintos pueden sentir al aproximar sus cuerpos, al dejar ser tocados por otras manos, al sentir voces silentes que los incitan al arte de amar.
Amantes sin rostros.
Amantes que sin darse cuenta, estaban todos bajo un mismo coro, bajo un mismo pensar.