Cuatro años

chiquita

Poeta recién llegado
Cuatro años tenía

Cuando me arrebataron

Lo más preciado que tenía

Me degradaron mí espíritu



Quebrantaron mi alma.

Mientras pedía a gritos

Misericordia, clemencia

Una mirada de comprensión.



Cuando un ser

Que me dio la vida

Me ultrajó y destrozó.



Desde ese día señores

Ante Dios como testigo

Empecé a odiar a los hombres

El rencor se volvió mi amigo



La ira la hice mi madre

Claramente acusé a Dios como testigo

Lo cuestionaba y decía

¿Qué acaso no lo has visto?





Me hirieron, y azotaron

Y como me ha dolido

Pero tú…, tú solo

Me echaste en el olvido.



¿Por qué no enviaste a tus ángeles?

¿Por qué no me prestaste a tu madre?

¿Porqué un relámpago, no mandaste?

¿Por qué a mí, Dios mío.



Yo era una niña que rezaba

El padre nuestro y el Ave María

No merecía tal padre

Por esto Dios, María y todos los santos

Los declaro culpables.



Porque ante este acto inolvidable

Nadie bajo si quiera a mirarme

Aunque pedía a gritos auxilio

Yo solo tenía cuatro años.



Anhelaba refugio señores

En el seno de mi familia

Más cuando se dieron cuenta

Tuvieron el descaro de apuñalarme.



Me acusaron como culpable

Me despojaron de mi ropa

Y me señalaban

Ante lo sucedido.



Me cuestionaron tantos señores

Por mi vestimenta

Mis trencitas

Que porque niña nací.



Así la abuela de mi alma

La madre que adoraba

Todos ellos abrieron cicatrices

En cuanto me dieron la espalda.



Mi cuerpo que desecho

Mi corazón dolido

Mis dientes quedaron volando

Y no era la Ada que había venido.



Deje de rezar

El padre nuestro y aves marías

Los enterré en el pasado

Pasaron los días, meses y hasta los años.





La pequeña, se convirtió en señorita

Con tantos dolorosos recuerdos

Al pasar el tiempo

La ley de la vida me sorprendió.



Lo que más temía ocurrió

Vestida de luto y envuelta en dolor

Me encontraba frente a la tumba de mi abuelo

Las lágrimas las contuve.



Mi alma y corazón

Se desgarraba poco a poco

En mí interior

Subí cada escalafón de mi vida.



Viviendo como una piedra

Con un corazón negro

Para que nadie me destroce

Para que nada sienta…
 
Qué vértigo. Es como ser crucificado, sin haberlo merecido.
Porque claro, si yo me arrojo a las vías del tren, es posible que me atropelle.
Pero si otros me arrojan a mí, debo escapar cuanto antes.
¿ Cómo ser mejor persona, entonces ?


Si ya, la ruina es patente. Nos rendimos ante la evidencia. ¡ En efecto ! A Dios le duele todo esto.


¿ Por qué ? Porque puede sentir muchos placeres, y muchos dolores, al mismo tiempo.
Y en él, no caben el enojo ni la risa.
 
Cuatro años tenía

Cuando me arrebataron

Lo más preciado que tenía

Me degradaron mí espíritu



Quebrantaron mi alma.

Mientras pedía a gritos

Misericordia, clemencia

Una mirada de comprensión.



Cuando un ser

Que me dio la vida

Me ultrajó y destrozó.



Desde ese día señores

Ante Dios como testigo

Empecé a odiar a los hombres

El rencor se volvió mi amigo



La ira la hice mi madre

Claramente acusé a Dios como testigo

Lo cuestionaba y decía

¿Qué acaso no lo has visto?





Me hirieron, y azotaron

Y como me ha dolido

Pero tú…, tú solo

Me echaste en el olvido.



¿Por qué no enviaste a tus ángeles?

¿Por qué no me prestaste a tu madre?

¿Porqué un relámpago, no mandaste?

¿Por qué a mí, Dios mío.



Yo era una niña que rezaba

El padre nuestro y el Ave María

No merecía tal padre

Por esto Dios, María y todos los santos

Los declaro culpables.



Porque ante este acto inolvidable

Nadie bajo si quiera a mirarme

Aunque pedía a gritos auxilio

Yo solo tenía cuatro años.



Anhelaba refugio señores

En el seno de mi familia

Más cuando se dieron cuenta

Tuvieron el descaro de apuñalarme.



Me acusaron como culpable

Me despojaron de mi ropa

Y me señalaban

Ante lo sucedido.



Me cuestionaron tantos señores

Por mi vestimenta

Mis trencitas

Que porque niña nací.



Así la abuela de mi alma

La madre que adoraba

Todos ellos abrieron cicatrices

En cuanto me dieron la espalda.



Mi cuerpo que desecho

Mi corazón dolido

Mis dientes quedaron volando

Y no era la Ada que había venido.



Deje de rezar

El padre nuestro y aves marías

Los enterré en el pasado

Pasaron los días, meses y hasta los años.





La pequeña, se convirtió en señorita

Con tantos dolorosos recuerdos

Al pasar el tiempo

La ley de la vida me sorprendió.



Lo que más temía ocurrió

Vestida de luto y envuelta en dolor

Me encontraba frente a la tumba de mi abuelo

Las lágrimas las contuve.



Mi alma y corazón

Se desgarraba poco a poco

En mí interior

Subí cada escalafón de mi vida.



Viviendo como una piedra

Con un corazón negro

Para que nadie me destroce

Para que nada sienta…
Bueno que puedo decir de esta terrible historia hecha poema, la doy por cierta y me conmueve y me espanta, me gusta eso si tu manera de escribirla amiga chiquita. Un abrazo. Paco.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba