Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuatro paredes no podrán coartar mi libertad,
porque en mi mente sigo siendo de libre pensar.
Cuatro gritos no podrán hacer que retroceda,
porque he dejado de asustarme y desde ahora haré lo que yo quiera.
Cuatro lochas no podrán comprarme,
porque mi persona es íntegra, no tengo precio y no pienso denigrarme.
Cuatro estupideces que digan por ahí, no podrán molestarme,
porque no me ofende el que pretende hacerlo, si yo no dejo penetrarme.
Cuatro golpes, me podrán dar fácilmente, pero jamás me vencerán.
Cuatro cirios podrán colocar frente a mi féretro, en mi funeral,
pero recuerden que el alma nunca morirá.
Cuatro lágrimas, habré derramado, más de una vez, sin ninguna razón especial,
pero no me avergüenzo de ser sensible, es mi esencia natural.
Cuatro besos me habrán dado, alguna vez, sin tener una razón de verdad,
pero los habré recibido, seguramente, con sinceridad.
Cuatro cosas quiero decirte ahora que no estás,
pues te has tenido que marchar:
Te admiraba: Por tu fuerza, tu ahínco y por tu voluntad;
por tu esfuerzo, tu empeño,
y por el celo con que cuidabas tus afectos;
te admiraba por tu sinceridad.
Te quería: porque compartías conmigo, porque me dejabas hablar sin parar;
porque me mirabas a los ojos, y me veías más adentro que los demás
porque me decías cuando escribía flojo, ya que eso me estimulaba a pensar
Y por pedirme que leyera, a profundidad,
palabras santas, escritas para la eternidad.
Te deseaba: Porque sentía esas ansias locas de dejarme llevar
Porque juntos podíamos compartir nuestros cuerpos
De miles de formas, sin querer descansar.
Te amaba: Porque quería renunciar a mis sueños,
si hubiese sido necesario, para tu felicidad
porque el deseo de pertenecerte
no era sólo de cuerpos en contacto fugaz
sino que era completo: era la mente y el cuerpo
lo que te quería entregar.
porque en mi mente sigo siendo de libre pensar.
Cuatro gritos no podrán hacer que retroceda,
porque he dejado de asustarme y desde ahora haré lo que yo quiera.
Cuatro lochas no podrán comprarme,
porque mi persona es íntegra, no tengo precio y no pienso denigrarme.
Cuatro estupideces que digan por ahí, no podrán molestarme,
porque no me ofende el que pretende hacerlo, si yo no dejo penetrarme.
Cuatro golpes, me podrán dar fácilmente, pero jamás me vencerán.
Cuatro cirios podrán colocar frente a mi féretro, en mi funeral,
pero recuerden que el alma nunca morirá.
Cuatro lágrimas, habré derramado, más de una vez, sin ninguna razón especial,
pero no me avergüenzo de ser sensible, es mi esencia natural.
Cuatro besos me habrán dado, alguna vez, sin tener una razón de verdad,
pero los habré recibido, seguramente, con sinceridad.
Cuatro cosas quiero decirte ahora que no estás,
pues te has tenido que marchar:
Te admiraba: Por tu fuerza, tu ahínco y por tu voluntad;
por tu esfuerzo, tu empeño,
y por el celo con que cuidabas tus afectos;
te admiraba por tu sinceridad.
Te quería: porque compartías conmigo, porque me dejabas hablar sin parar;
porque me mirabas a los ojos, y me veías más adentro que los demás
porque me decías cuando escribía flojo, ya que eso me estimulaba a pensar
Y por pedirme que leyera, a profundidad,
palabras santas, escritas para la eternidad.
Te deseaba: Porque sentía esas ansias locas de dejarme llevar
Porque juntos podíamos compartir nuestros cuerpos
De miles de formas, sin querer descansar.
Te amaba: Porque quería renunciar a mis sueños,
si hubiese sido necesario, para tu felicidad
porque el deseo de pertenecerte
no era sólo de cuerpos en contacto fugaz
sino que era completo: era la mente y el cuerpo
lo que te quería entregar.
:: ::