Halloran
Poeta asiduo al portal
CUATRO SONETOS DE SOLEDAD
I.
OTRA VEZ EL DESAMOR
De razón como siempre abandonado,
olvidado del favor del amor
que me fue prometido y negado,
va perdiendo mi corazón calor.
Los vientos traidores me han alejado
del puerto de tus risas y tu voz,
dejando mi bote desorientado
sumido en la tormenta más atroz
que marinero nunca haya vivido.
En el fondo me está bien empleado
por haberme en tu mar aventurado.
Pero es tanto lo que ya he sufrido
que no esperaba otro final así:
otra vez el desamor vive en mí.
II.
ODIO A LOS FELICES
Odio a los felices. De verdad
los odio. No puedo hacer otra cosa.
Mano en la mano, con vida dichosa,
los veo pasear por la ciudad,
mientras yo pudro con mi soledad
los últimos retazos de esperanza,
perdida ya la poca confianza
que me dió mi supuesta humanidad.
Y sufro en el fondo, y desespero,
y juro contra el infierno y el cielo,
y conjuro al fuego y al hielo,
y blasfemo contra los dioses. Pero
extrañamente en mí sigo sintiendo
la llama de un amor que aún está ardiendo.
III.
TARDE DE CIRCO
Ahora que la ciudad se va llenando
de unas luces y sonidos de fiesta,
ahora la vida se me va marchando.
Quizá sea mejor: mi vida apesta
al orín del completo fracasado
al zotal de la casa abandonada,
al hedor del que todos dan de lado,
al absurdo de lo que ya no es nada
cuando antes lo había sido todo.
La vida es bella, gritan los neones...
si no te matan antes los leones
en un circo del que no encuentro el modo
ni la forma de lograr escapar:
el circo de no poder sino amar.
IV.
FIN DEL MUNDO
¿Por qué no quiere acabarse el mundo?
¿Tan grave sería un gran desastre
que diera con todo lo nuestro al traste?
¿Por qué insiste segundo a segundo
en pasar el tiempo como si nada?
¿No ve todo lo que ya ha pasado?
¿No ve que ya, de amor abandonado,
no hay nada importante? Ni tú, amada,
que aunque quizá contra tu gusto fueras
querida de tal modo por mi amor,
me preocupas ya. Y quizá mueras,
en este fin del mundo del terror
que voy diseñando. Quizá no quieras,
mas: ¿tuvo mi querer algún valor?
¿Tan grave sería un gran desastre
que diera con todo lo nuestro al traste?
¿Por qué insiste segundo a segundo
en pasar el tiempo como si nada?
¿No ve todo lo que ya ha pasado?
¿No ve que ya, de amor abandonado,
no hay nada importante? Ni tú, amada,
que aunque quizá contra tu gusto fueras
querida de tal modo por mi amor,
me preocupas ya. Y quizá mueras,
en este fin del mundo del terror
que voy diseñando. Quizá no quieras,
mas: ¿tuvo mi querer algún valor?