Évano
Libre, sin dioses.
Cuba: medio siglo de maldad inútil.
Los peores enemigos son:
los que estuvieron cerca de ti,
la familia, los amigos,
y tú.
Voy a contar el cuento de La Isla Bonita,
un paraíso donde no sé si vivían.
Un día la descubrieron, aunque al aire estaba.
Naves, caballos, hierros y sangre
desembarcaron para descubrirla mejor,
para someter a la libre natura.
Con el tiempo se instalaron,
con sus respectivos esclavos,
señoritos y gobernantes.
Algo así como algo europeo.
Pasaron siglos, no sé,
hasta que otros presuntos libertarios,
rompieron las cercas e impusieron nuevas rejas,
nuevos señoritos, nuevos gobernantes,
con sus respectivos nuevos esclavos currantes.
Claro está.
Cuando toda La Isla Bonita estuvo repartida,
solo quedaba oprimir más a la gente currante,
para tener más dinero, para casinos y demás.
Pasaron muchos años, no sé,
hasta que, fuerzas, supuestamente rojas,
rompieron las barajas, y, ¡qué casualidad!,
otra vez al pueblo le dieron la vuelta,
una vuelta que siempre termina en lo mismo.
Yo siempre pensé que los pueblos
no son ni rojos ni verdes ni negros.
Los pueblos son de colores diversos.
Y nuevas vallas, y nuevos señoritos,
y nuevos gobernantes, y un nuevo
pueblo disfrazado al unísono de esclavo.
Fuera casinos, albedríos, terratenientes...
Pero no muy fuera, sino al país vecino,
donde los señoritos expatriados lloraban
al jefe del país vecino. Le lloraban
y presionaban y pagaban para derrocar
al gobierno rojo de la Isla Bonita,
para así poder recobrar riquezas de antaño.
50 y tantos años estrangulando al paraíso,
hasta que un negro sabio no se dejó sobornar.
Se dio cuenta del verdadero enemigo
de La Isla Bonita vecina. Eran y son
los que dejaron atrás, en su Isla Bonita,
a familiares y amigos. A ellos mismos.
El negro sabio abrió los muros: el de los ojos
y el que asfixiaba a La Isla Bonita.
Lástima que la mayoría del resto del mundo
nunca tengamos a sabios gobernantes,
a gobernantes honestos y honrados
que hacen lo que pueden mientras les dejan.
¿De que ha servido un muro tan longevo?
Es como la guerra que acaba cual empieza,
pero con miles o millones de muertos inútiles.
La Isla Bonita continúa al aire libre.
¡Ojalá no la descubran más!,
y si han de descubrirla que sea
el aire del respeto mutuo,
el aire del respeto al mundo,
el aire del respeto a la natura.
Pero siempre soplan velas ajenas
los vientos que menos esperamos,
los vientos que estuvieron cerca de ti,
los vientos de la familia,
los vientos de los amigos,
las tempestades tuyas.
Dios te salve, Isla Bonita;
Dios te salve, Cuba querida.
Los peores enemigos son:
los que estuvieron cerca de ti,
la familia, los amigos,
y tú.
Voy a contar el cuento de La Isla Bonita,
un paraíso donde no sé si vivían.
Un día la descubrieron, aunque al aire estaba.
Naves, caballos, hierros y sangre
desembarcaron para descubrirla mejor,
para someter a la libre natura.
Con el tiempo se instalaron,
con sus respectivos esclavos,
señoritos y gobernantes.
Algo así como algo europeo.
Pasaron siglos, no sé,
hasta que otros presuntos libertarios,
rompieron las cercas e impusieron nuevas rejas,
nuevos señoritos, nuevos gobernantes,
con sus respectivos nuevos esclavos currantes.
Claro está.
Cuando toda La Isla Bonita estuvo repartida,
solo quedaba oprimir más a la gente currante,
para tener más dinero, para casinos y demás.
Pasaron muchos años, no sé,
hasta que, fuerzas, supuestamente rojas,
rompieron las barajas, y, ¡qué casualidad!,
otra vez al pueblo le dieron la vuelta,
una vuelta que siempre termina en lo mismo.
Yo siempre pensé que los pueblos
no son ni rojos ni verdes ni negros.
Los pueblos son de colores diversos.
Y nuevas vallas, y nuevos señoritos,
y nuevos gobernantes, y un nuevo
pueblo disfrazado al unísono de esclavo.
Fuera casinos, albedríos, terratenientes...
Pero no muy fuera, sino al país vecino,
donde los señoritos expatriados lloraban
al jefe del país vecino. Le lloraban
y presionaban y pagaban para derrocar
al gobierno rojo de la Isla Bonita,
para así poder recobrar riquezas de antaño.
50 y tantos años estrangulando al paraíso,
hasta que un negro sabio no se dejó sobornar.
Se dio cuenta del verdadero enemigo
de La Isla Bonita vecina. Eran y son
los que dejaron atrás, en su Isla Bonita,
a familiares y amigos. A ellos mismos.
El negro sabio abrió los muros: el de los ojos
y el que asfixiaba a La Isla Bonita.
Lástima que la mayoría del resto del mundo
nunca tengamos a sabios gobernantes,
a gobernantes honestos y honrados
que hacen lo que pueden mientras les dejan.
¿De que ha servido un muro tan longevo?
Es como la guerra que acaba cual empieza,
pero con miles o millones de muertos inútiles.
La Isla Bonita continúa al aire libre.
¡Ojalá no la descubran más!,
y si han de descubrirla que sea
el aire del respeto mutuo,
el aire del respeto al mundo,
el aire del respeto a la natura.
Pero siempre soplan velas ajenas
los vientos que menos esperamos,
los vientos que estuvieron cerca de ti,
los vientos de la familia,
los vientos de los amigos,
las tempestades tuyas.
Dios te salve, Isla Bonita;
Dios te salve, Cuba querida.
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