Kalhil Al Jaraq
Poeta recién llegado
Cucaracha Atómica
Disculpa, hermano, no me pidas que sea como
tú, no puedo. Soy inferior
infinidad de veces me los has hecho entender,
Según tú, de lo peor engendrado en nuestra
madre
Me arrastro, como de tus inmundicias
De un grupo muy antiguo
cuya apariencia ha cambiado
muy poco en años ¿Valen las comparaciones?
Pediste que te acompañe en tus luchas
pero no participé en tus guerras
Y cuando vi caer a tu hermano por tu espada
lloré pues es mi hermano.
De ese mismo modo vi cuando calcinaste el
aire
y lo convertiste en cenizas y azufre
Y consumiste tu tierra
sacaste hasta la última gota de su negra
sangre
para saciar tu sed
Saqueaste su oro y sus diamantes
embrutecido por tu vanidad.
El agua transformaste en sangre cual
hechicero egipcio
Y no quedó río que no desviaras de curso
lago o mar que no secaras.
Los árboles convertiste en leña
Sus hojas se perdieron entre cenizas
calcinantes
Levantando enormes nubes ebanizadas
que obstruyeron pulmones y carcomían el
alma
Levantaste muros y separaste hermanos de
hermanas
Sembraste el odio en el corazón de padre e
hijo.
Convertiste león y cordero en trofeos de
paredes sin vida
Fundaste museos
y guardaste cuerpos momificados de tus
hermanos para preservarlos.
En tu afán de culpar a alguien de tus desastres
Inventaste matarratas y polvos mágicos
nos acusaste de tus plagas.
Así tuviste grandes ideas
la guerra no tardó en posarse en tu corazón
Yo observo, siento, padezco,
el fuego trajo más fuego
el odio más odio.
Mientras en la piel de los árboles muertos
escribiste tus planes y estrategias
Nada pudo detener las asesinas de Hiroshima
y Nagasaki
que cayeron a montones
No hubo más tiempo ni más luz
Yo, mientras tanto en mi inferioridad
Comparto tus despojos en la cena
Trato de no repetir tus errores
Esperando que renazca esfera ardiente.
y para que no olvidar mi imagen pueda
te encargaste de darme nombre hermoso
Bautizo de la verbigracia omnipresente
“cucaracha” no pude llamarme de otro modo.
Disculpa, hermano, no me pidas que sea como
tú, no puedo. Soy inferior
infinidad de veces me los has hecho entender,
Según tú, de lo peor engendrado en nuestra
madre
Me arrastro, como de tus inmundicias
De un grupo muy antiguo
cuya apariencia ha cambiado
muy poco en años ¿Valen las comparaciones?
Pediste que te acompañe en tus luchas
pero no participé en tus guerras
Y cuando vi caer a tu hermano por tu espada
lloré pues es mi hermano.
De ese mismo modo vi cuando calcinaste el
aire
y lo convertiste en cenizas y azufre
Y consumiste tu tierra
sacaste hasta la última gota de su negra
sangre
para saciar tu sed
Saqueaste su oro y sus diamantes
embrutecido por tu vanidad.
El agua transformaste en sangre cual
hechicero egipcio
Y no quedó río que no desviaras de curso
lago o mar que no secaras.
Los árboles convertiste en leña
Sus hojas se perdieron entre cenizas
calcinantes
Levantando enormes nubes ebanizadas
que obstruyeron pulmones y carcomían el
alma
Levantaste muros y separaste hermanos de
hermanas
Sembraste el odio en el corazón de padre e
hijo.
Convertiste león y cordero en trofeos de
paredes sin vida
Fundaste museos
y guardaste cuerpos momificados de tus
hermanos para preservarlos.
En tu afán de culpar a alguien de tus desastres
Inventaste matarratas y polvos mágicos
nos acusaste de tus plagas.
Así tuviste grandes ideas
la guerra no tardó en posarse en tu corazón
Yo observo, siento, padezco,
el fuego trajo más fuego
el odio más odio.
Mientras en la piel de los árboles muertos
escribiste tus planes y estrategias
Nada pudo detener las asesinas de Hiroshima
y Nagasaki
que cayeron a montones
No hubo más tiempo ni más luz
Yo, mientras tanto en mi inferioridad
Comparto tus despojos en la cena
Trato de no repetir tus errores
Esperando que renazca esfera ardiente.
y para que no olvidar mi imagen pueda
te encargaste de darme nombre hermoso
Bautizo de la verbigracia omnipresente
“cucaracha” no pude llamarme de otro modo.