Hotarubi
Poeta recién llegado
Besos prohibidos,
besos robados;
te llevas su alma contigo,
de esos
de bocas a distancia,
de bocas con dueños,
se escapan como un suspiro
del jardín de las delicias.
Incontrolables como la agonía
de quien hundido bajo el mar
instintivamente emerge,
así, besos supervivientes.
Besos sin normas
aún negados,
aún presos en la fría muerte
del silencio de un mausoleo:
así inevitables.
Seré vampira sedienta,
súcubo expectante,
quien en tu profundo sueño
la cripta de tu corazón profane;
¡imposible es nada!
Desde la súplica de Babilonia,
desde el primer beso de la historia,
planifiqué cobrarme
cuestiones del destino:
¿Quién yo para negar?
¿Quién tú para huir?
Despegan
mis labios impacientes;
antítesis de la flor de Momo
en busca del tacto suave,
vivo, carnoso,
tibieza fundida,
nerviosa gelatina,
del beso primario.
¿Sólo será uno?
¿Quedará en el primero?
¿O quizás, síndrome de Estocolmo
decidirás tú quedarte
a tomar más de mí
ebrio, sin conciencia,
sin saber que ha pasado
sin saber dónde has estado,
y rendida ante ti seré yo
síndrome de Stendhal?
Ya no hay vuelta atrás,
fresca y desvergonzada,
caprichosa,
sentada sobre ti
te observaré con descaro
sin dejarte escapar
en un balanceo
te robaré lo que me pertenece.
Te robaré lo que está allí y aprisionas.
Te robaré lo que ya es mío.
Te robaré lo inevitable,
tu beso...
Te beso.