Cuentan que la han visto llegar,
con la mirada perdida,
con su rostro buscando el lugar,
en aquellas paredes
que aún tienen el aroma de besos repetidos,
de caricias mojadas.
Se queda profunda,
inmersa en lágrimas
que esconde detrás del brillo de su mirada,
Quieta, sola, en la penumbra de su soledad.
Se fue la otra noche, bien entrada la madrugada
siguiendo la sombra que dejó la lluvia,
no deja huellas por donde pasa,
sus pisadas no son firmes, son livianas,
quiere volar a las estrellas
para ver quien se llevó los versos
que la despertaban,
como el canto del viento cada mañana.
Despierta en medio de la noche buscando la luna,
cómplice de esas tardes de verano,
que veía a través de la ventana
se abrazaba a su amor,
construyeron la vida,
respirando el éxtasis de unos besos
que no eran reales
eran celestiales,
Brillaban al son de dos luceros
que se iban acercando a contemplar,
como era posible que dos almas se fundieran
y emergieran como un halo de luz
que opacaba todo cuerpo solar.
Regresaba cada noche y cada mañana,
solo el sonido del vacío era lo que hallaba,
las letras de aquellos versos
ya no llegaban.
ya no llegaban.
Y se quedaba día tras día,
vivía solo para verlo pasar,
no pudo comprender que se había ido,
que dejo solo fugaces encuentros
repletos de piel y ausentes de miradas,
sus manos no llegaron más allá de una caricia,
y en sus ojos ya no se dibujaba
aquella bendita luna
hermosa y añejada.
hermosa y añejada.
Cuentan que la vieron la otra noche,
con sus ojos transparentes de lágrimas,
con una sonrisa inquieta,
y una mirada sedada,
sus manos secas y mejillas muy pálidas.
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