Maroc
Alberto
Yolanda fue una dulzura
que tuvo muy mala suerte,
unos fachas de locura
la condenaron a muerte.
Ocurrió por los ochenta,
Madrid la ciudad del hecho,
aquellos cerdos en venta
acabaron con su aliento.
Se dijeron: es de la ETA,
por lo de ser vasca y roja
te ponen la papeleta,
y a dormir en una fosa.
Un comando de fascistas,
con el cerebro vacío,
entre ellos un policía,
la dieron dos o tres tiros.
Dirigente de estudiantes,
joven y dama valiente,
luchadora destacada,
trabajadora consciente.
Mujer siempre desarmada,
su arma, la tuvo en la mente,
era dulzura salada
como moneda corriente.
Todo en ella era modelo
henchiendo a la juventud,
supo que no era un camelo
su compromiso de luz.
El armamento asesino
era propiedad estatal;
pues les toco en un casino
de nombre La Nacional.
Yolanda es la flor del pueblo
digna de todos los cantos,
su cuerpecito pequeño
y cincuenta mil encantos.
Fue secuestrada una noche
por aquellos malnacidos,
que además la maltrataron
con sus babas de bandidos.
El gobierno uso peones
para hacer trabajos sucios
pero no engañó, señores,
a los que estuvimos lúcidos.
Y aquí termina esta historia
empapadita de hiel,
que nos quede en la memoria
el asesino fue de él.
A Yolanda González
que tuvo muy mala suerte,
unos fachas de locura
la condenaron a muerte.
Ocurrió por los ochenta,
Madrid la ciudad del hecho,
aquellos cerdos en venta
acabaron con su aliento.
Se dijeron: es de la ETA,
por lo de ser vasca y roja
te ponen la papeleta,
y a dormir en una fosa.
Un comando de fascistas,
con el cerebro vacío,
entre ellos un policía,
la dieron dos o tres tiros.
Dirigente de estudiantes,
joven y dama valiente,
luchadora destacada,
trabajadora consciente.
Mujer siempre desarmada,
su arma, la tuvo en la mente,
era dulzura salada
como moneda corriente.
Todo en ella era modelo
henchiendo a la juventud,
supo que no era un camelo
su compromiso de luz.
El armamento asesino
era propiedad estatal;
pues les toco en un casino
de nombre La Nacional.
Yolanda es la flor del pueblo
digna de todos los cantos,
su cuerpecito pequeño
y cincuenta mil encantos.
Fue secuestrada una noche
por aquellos malnacidos,
que además la maltrataron
con sus babas de bandidos.
El gobierno uso peones
para hacer trabajos sucios
pero no engañó, señores,
a los que estuvimos lúcidos.
Y aquí termina esta historia
empapadita de hiel,
que nos quede en la memoria
el asesino fue de él.
A Yolanda González
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