Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
A ti, mujer de piel incendiaria,
de labios que incendian las noches,
de ojos que devoran los sueños,
te escribo, musa de amores rotos.
Eres un enigma en cada paso,
un suspiro en cada sombra,
un volcán de deseos contenidos,
un abismo de promesas olvidadas.
Tu cuerpo, arma de seducción,
curvas que hipnotizan,
caricias que engañan,
un hechizo en cada movimiento,
una danza de ilusiones.
Pero tu corazón es de acero,
inamovible, invulnerable,
un escudo contra el amor,
una fortaleza que nunca cae.
Y tu alma, mujer de hielo,
fría como la luna en invierno,
indiferente a los susurros del viento,
ajena a los latidos que rompes,
a los sueños que deshaces.
Rompe corazones, así te llaman,
y yo, espectador fascinado,
me pierdo en tu laberinto,
sabiendo que no hay salida,
aceptando el destino marcado.
Cuerpo de seducción, corazón de acero y alma de hielo,
seguirás caminando, imparable,
dejando huellas en la arena del olvido,
despertando pasiones que jamás comprenderás,
rompiendo corazones sin mirar atrás.
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de labios que incendian las noches,
de ojos que devoran los sueños,
te escribo, musa de amores rotos.
Eres un enigma en cada paso,
un suspiro en cada sombra,
un volcán de deseos contenidos,
un abismo de promesas olvidadas.
Tu cuerpo, arma de seducción,
curvas que hipnotizan,
caricias que engañan,
un hechizo en cada movimiento,
una danza de ilusiones.
Pero tu corazón es de acero,
inamovible, invulnerable,
un escudo contra el amor,
una fortaleza que nunca cae.
Y tu alma, mujer de hielo,
fría como la luna en invierno,
indiferente a los susurros del viento,
ajena a los latidos que rompes,
a los sueños que deshaces.
Rompe corazones, así te llaman,
y yo, espectador fascinado,
me pierdo en tu laberinto,
sabiendo que no hay salida,
aceptando el destino marcado.
Cuerpo de seducción, corazón de acero y alma de hielo,
seguirás caminando, imparable,
dejando huellas en la arena del olvido,
despertando pasiones que jamás comprenderás,
rompiendo corazones sin mirar atrás.
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