Te repites en mi piel
como el sol cada mañana,
transitando mis espacios
con esa risa tuya que provoca.
En un trasnocho de cielos,
me aprieto a tus manos,
y se derriba mi prudencia
en la urgencia de tus labios.
Voluptuosos ademanes
celebran con gracia tu boca
descubriendo recovecos
que se entregan sin recelos.
Y ese fluir desbordante de miel,
riega complaciente los rincones,
que los reciben en cómplice placer.
Vamos llenando los espacios,
melodía celeste interpretada
por los cuerpos, para perpetuar
estos instantes en que el amor
es cuestión de piel.
Ana Mercedes Villalobos