Tú que habitas mi sangre,
vives al borde de mi boca y has sembrado mis sueños
con tus yemas.
No me pidas que escarbe en el cristal
del caos para devorarnos.
Mas, cuídate de mí y riega esas flores extrañísimas
que devoran hasta ser vulgar.
Tras el cóncavo espejo carnal
hoy abdiqué del equilibrio interior
a caballo del abandono, tal,
que incluso a degollar se han ido mis uñas y mis labios.
El veneno siempre corre de mi parte.
vives al borde de mi boca y has sembrado mis sueños
con tus yemas.
No me pidas que escarbe en el cristal
del caos para devorarnos.
Mas, cuídate de mí y riega esas flores extrañísimas
que devoran hasta ser vulgar.
Tras el cóncavo espejo carnal
hoy abdiqué del equilibrio interior
a caballo del abandono, tal,
que incluso a degollar se han ido mis uñas y mis labios.
El veneno siempre corre de mi parte.