La luz que me callaba,
Y el cuchillo que se me insinuaba,
La alfombra que estaba traviesa,
Me arrastraba a la pasión.
No es el retrato de la sangre,
Que me empañaba entre pinceles,
Y pinceladas de color oscuro,
En pensamiento de laureles.
Y mis ojos que me pensaban,
Y las pupilas que se hinchaban,
Las ideas que paseaban,
Y el cuchillo que se me insinuaba.
Me bailaban los pensamientos,
Desde ángeles a pecados,
Pero el agua que me esta noche me bautizó,
Culpó a la luz que me cegó.
Y a la plaza se me escurrió,
Entre copas al vino blanco,
Y el cuchillo que me hablaba,
Entre discursos de culpa me abandonaba.
Y el cuchillo que se me insinuaba,
La alfombra que estaba traviesa,
Me arrastraba a la pasión.
No es el retrato de la sangre,
Que me empañaba entre pinceles,
Y pinceladas de color oscuro,
En pensamiento de laureles.
Y mis ojos que me pensaban,
Y las pupilas que se hinchaban,
Las ideas que paseaban,
Y el cuchillo que se me insinuaba.
Me bailaban los pensamientos,
Desde ángeles a pecados,
Pero el agua que me esta noche me bautizó,
Culpó a la luz que me cegó.
Y a la plaza se me escurrió,
Entre copas al vino blanco,
Y el cuchillo que me hablaba,
Entre discursos de culpa me abandonaba.