Culpable

Lord Vélfragor

Poeta adicto al portal
De puntitas se acerca el llanto,
sin querer espantar a la melancolía,
queriendo tocar su sinfonía,
entre latidos lentos,
entre suspiros largos,

Inspirados en una tarde grisácea,
con el tormento de culpa,
con el recuerdo perdido,
absorbido en una lupa,
con las imágenes frescas...

Sentados momentos,
que arrancan las lágrimas,
con el mirar hacia atrás,
cuando todo era sereno...

Tempestades amargas,
confundiendo realidades,
lo que fue no será,
y lo que será... no lo sé...

Atravesado corazón,
con estaca cruel,
al decir un adiós adelantado,
sin escuchar mis palabras...

Muere el día en el cielo,
muere mi corazón en la noche,
con el ahogo del sentimiento culpable,
¿Acaso existe algo más cruel que la soledad?
¡Sabiendo que tuviste la felicidad al alcance!

De rabia inaudita,
rompo las nubes,
dejando esos castillos helados,
hundirse en el alma,
para jamás perder la frialdad...

¡Ven llanto mío!
¡Abraza mi instante!
que hoy muere el sentir,
para nacer como piedra...

Con ojos melancólicos,
con sonrisa serena,
que guarde por siempre,
la tortura culpable...

Me hallo entre jueces,
mis manos sentencian,
ahorcarme con ellas,
desgarrarme las entrañas,
que sirva cuchillo,
que sirva espada...

Si al amanecer de mañana...
¿Sabrás que morí?

¡Lloraré, lloraré!
solo eso... y después...
¡Moriré! enviando mi corazón a tus manos...

Resguarda mis cenizas,
pronuncia mi nombre,
aunque sea con desprecio,
y así... te sonreiré en el viento...

Rosa machita... rosa muerta...
mi palpitar muere... mi sangre se escapa,
suspiré... suspiré... al fin... mo...ri...ré...

L.V.
 
Recuerdos perdidos que hacen latir los suspiros, aquellos que parecen ahogarnos, pues se hacen eternos en nuestro afán por liberar aquello que nos oprime.
Mi querido Lord, siempre he de sentir sus letras, vestidas de culpabilidad, dulce llanto derrama.
Besos que lleguen en silencio, estrellas que iluminen la cruel soledad.
 
Ha llegado la tristeza a vuestro ser
le ha tocado la culpa en estas sombras
y el ayer sólo vaga como un perro sarnoso.

La tempestad es lo único que abarca
y en esta opulencia sólo se ven grietas, ya ni palabras.
El día ha muerto y junto la gracia de vuestro ser
que dejó la sonrisa aparte por no volver a amanecer.

Vuestra, Lady Petitte Papillón
 

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