MARIO VASQUEZ
Poeta recién llegado
CULPABLE.
Trabajo duro, cansancio de una vida que pesan las ausencias,
en esta noche de no sueño, aquí no se distinguió el sosiego,
y los trinos cobijan los árboles y no anuncian la tormenta por llegar,
en este pedazo de cielo que revienta sin cálidas caricias de un efímero amor.
Tiempos perdidos, sin escuchar el arrullo de un niño,
o el susurro de un te quiero, al despertar el alba por la mañana,
existencia muda de horas frías, que no confía mi vida,
cordura de vista ciega que ciega la dignidad de un ser.
Lo que pudo haber sido, nunca lo fue,
no por no poder ser, sino porque cuando amé,
no amé con intensidad y cuando cesé de amar,
nunca busque la razón.
Escuchando aquí a mi corazón, diciéndome como las estaciones han pasado,
tan de prisa, como páginas de un emocionante libro,
sentado en mi lecho, en un otoño frío y triste,
sin ninguna compañía, esperando tal ves la inevitable muerte.
La vida me fue entregada con un jardín de rosas,
pero nunca aprendí a cultivarlas ni cuidarlas,
a pesar de todos los consejos que me daban,
me aferré a cosechar a ciegas, sin obtener un fruto, que me diera una vida normal.
MARIO VÁSQUEZ
05 de julio de 2012.
Almarmar1949@yahoo.com
Trabajo duro, cansancio de una vida que pesan las ausencias,
en esta noche de no sueño, aquí no se distinguió el sosiego,
y los trinos cobijan los árboles y no anuncian la tormenta por llegar,
en este pedazo de cielo que revienta sin cálidas caricias de un efímero amor.
Tiempos perdidos, sin escuchar el arrullo de un niño,
o el susurro de un te quiero, al despertar el alba por la mañana,
existencia muda de horas frías, que no confía mi vida,
cordura de vista ciega que ciega la dignidad de un ser.
Lo que pudo haber sido, nunca lo fue,
no por no poder ser, sino porque cuando amé,
no amé con intensidad y cuando cesé de amar,
nunca busque la razón.
Escuchando aquí a mi corazón, diciéndome como las estaciones han pasado,
tan de prisa, como páginas de un emocionante libro,
sentado en mi lecho, en un otoño frío y triste,
sin ninguna compañía, esperando tal ves la inevitable muerte.
La vida me fue entregada con un jardín de rosas,
pero nunca aprendí a cultivarlas ni cuidarlas,
a pesar de todos los consejos que me daban,
me aferré a cosechar a ciegas, sin obtener un fruto, que me diera una vida normal.
MARIO VÁSQUEZ
05 de julio de 2012.
Almarmar1949@yahoo.com
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