JULIO PICÓN PONCE
Poeta recién llegado
El viejo aún maneja, aunque no debería
transitar por estas calles redentoras
con su Falcon del setenta, a este ritmo
decadente: diez kilómetros por hora.
·
Se adivina en su semblante victoriano
un pasado de violencia autoritaria,
una historia de castrense retirado,
una historia de picanas y de rabias.
·
El viejo aún maneja, y no se inmuta
al transitar por la mitad de la calzada.
Los de atrás, los que le siguen, se exasperan
y lo insultan. Y él sigue igual, como si nada.
·
Se adivina en su semblante riguroso
un suspiro de nostalgia dictadora.
(Volvería a ese mundo gris y frío,
de justicia personal, libertadora).
El viejo aún maneja, y se tropieza
con el cuerpo de un trotskista, partidario
como él, de la sevicia consentida.
El joven muere y con él, un adversario.
·
Se adivina en su semblante inalterable,
un gesto de inquietud y desatino.
Nunca pude ser juzgado y sin embargo
marcha preso por un trance del destino.