Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Doña Mariela
en su cumpleaños 85
y seguro que llegará
a su cumpleaños 86,
los dolores del cuerpo
han desaparecido
y los del ama
pronto, con su
nuevo cumpleaños,
como guerrera de esta
vida, pronto se habrán ido.
Todos sus hijos,
sus nietos
y tataranietos,
sus hermanos
que aún no han partido,
Ramón, Enrique,
serán la orquesta
que alimente
a su cuerpo cansado
para vivir hasta
que el campanario
repique el año 3000.
Silvia, su amada hija,
bajará de la Loma
repleta de salud y alegría,
retando el virus
para festejarle
con gritos de alborozo
los 86, lo 96 y los 106,
porque Doña Mariela
tendrá la energía de una grúa
para remolcar los atasco de la vida,
para inundar su hogar y sus hijos de alegría.
Pájaros,
palomas mensajeras,
treparán sus tejados
y en su jardín,
danzaran de alegría,
las mariposas
jugando con las palomas,
recorriendo
el cielo envigadeño;
sus perros ladrarán
saltando de alborozo,
y de cerca y de lejos,
su dulce Silvia estrechará
en sus brazos
el ser que le dio la vida
para regresar a casa
al que en la oscura
noche aquedó atascado
en la solitaria vía.
Un inmenso cielo
de estrellas cuajado
con luna llena,
a Doña Mariela,
a Doña María Dolores,
por sus hermosas labores
en esta tierra,
por sus 15 retoños todos vivos
en tiempos del Coronavirus,
por ser una gran matrona antioqueña
su cielo le tiene asegurado.