Jlecg
Poeta recién llegado
Amiga, me acerco para contarle, amiga.
Y este no es otro de esos cuentos que le cuento a diario.
Entiende, que siendo mi mejor amiga,
sabe, de sobra sabe, todas esas cosas que entiende, solo por conocernos.
Y no consigo, con nadie, dejar ser... esa espontaneidad tan mía,
usted entenderá, que cuando hablamos de todo lo que nos preocupa,
al menos yo, me siento libre: de expresarme, sin decirlo, todo lo que quiero contar.
Y no se si comprendo, que eso es seña de nuestra amistad de años,
y me dio cuenta, que se merece mi amistad mas sincera,
como nunca he podido compartir con nadie, mas que usted, amiga;
sin amores, sin erotismo, sin necesidad, sin ganas, sin conciencia,
simplemente un amor de amistad que llena todos los rincones del camino que sin querer transitamos.
¿Qué hice para merecer una amistad como la suya, amiga?
Y al mismo tiempo veo, que para que se entienda mi obra, debería apostar, más,
por amistades como la suya.
Es que su amistad es tan, completa, soñadora, realista, amable, dadivosa, certera,
centrada, dulce, hasta religiosa, que a pesar de conocernos, y saber que no somos perfectos,
ni nada parecido; por lo menos para mí, es lo mejor que me pudo haber pasado.
¿Qué hice para merecer una amistad como la suya, amiga?
Corriendo el riesgo de caer en enamoramientos, y esos desastres que normalmente,
engañan mis sentidos, creo suponer, que es exactamente lo que falta, y lo que veo en toda
mujer, que a pesar de risueñas virtudes, cuerpos estructurales.
A todas la le falta lo que
a usted le sobra,
una consciente y completa amistad, todas son especiales, pero ninguna de ellas
puede ser como usted, amiga.
Ninguna me llena de igual manera, ninguna me entiende, sin palabras,
ninguna... ninguna...
tal vez por eso es que ninguna es como usted.
A quien Valoro y Aprecio.
Cuya amistad no pondré en riesgo.
Y este no es otro de esos cuentos que le cuento a diario.
Entiende, que siendo mi mejor amiga,
sabe, de sobra sabe, todas esas cosas que entiende, solo por conocernos.
Y no consigo, con nadie, dejar ser... esa espontaneidad tan mía,
usted entenderá, que cuando hablamos de todo lo que nos preocupa,
al menos yo, me siento libre: de expresarme, sin decirlo, todo lo que quiero contar.
Y no se si comprendo, que eso es seña de nuestra amistad de años,
y me dio cuenta, que se merece mi amistad mas sincera,
como nunca he podido compartir con nadie, mas que usted, amiga;
sin amores, sin erotismo, sin necesidad, sin ganas, sin conciencia,
simplemente un amor de amistad que llena todos los rincones del camino que sin querer transitamos.
¿Qué hice para merecer una amistad como la suya, amiga?
Y al mismo tiempo veo, que para que se entienda mi obra, debería apostar, más,
por amistades como la suya.
Es que su amistad es tan, completa, soñadora, realista, amable, dadivosa, certera,
centrada, dulce, hasta religiosa, que a pesar de conocernos, y saber que no somos perfectos,
ni nada parecido; por lo menos para mí, es lo mejor que me pudo haber pasado.
¿Qué hice para merecer una amistad como la suya, amiga?
Corriendo el riesgo de caer en enamoramientos, y esos desastres que normalmente,
engañan mis sentidos, creo suponer, que es exactamente lo que falta, y lo que veo en toda
mujer, que a pesar de risueñas virtudes, cuerpos estructurales.
A todas la le falta lo que
a usted le sobra,
una consciente y completa amistad, todas son especiales, pero ninguna de ellas
puede ser como usted, amiga.
Ninguna me llena de igual manera, ninguna me entiende, sin palabras,
ninguna... ninguna...
tal vez por eso es que ninguna es como usted.
A quien Valoro y Aprecio.
Cuya amistad no pondré en riesgo.