Las noches se hacen eternas
Llorando sobre la almohada,
No tengo ganas de vivir
Pues sin ella no queda nada.
Un violín desgarrado
Llorando en la lejanía,
Se hace eco de mi pobre alma
Y esta cruenta agonía.
Por años cuento los minutos
Desde la hora de su partida,
Son los ecos del destino
De una existencia perdida.
Mi cama es una tumba
Tallada de fría piedra,
Mi epitafio es su recuerdo
Creciendo como la hiedra.
Perdí mi triste corazón
A las puertas del infierno,
Y aún me duele desde lejos
Condenado al lamento eterno.
Llorando sobre la almohada,
No tengo ganas de vivir
Pues sin ella no queda nada.
Un violín desgarrado
Llorando en la lejanía,
Se hace eco de mi pobre alma
Y esta cruenta agonía.
Por años cuento los minutos
Desde la hora de su partida,
Son los ecos del destino
De una existencia perdida.
Mi cama es una tumba
Tallada de fría piedra,
Mi epitafio es su recuerdo
Creciendo como la hiedra.
Perdí mi triste corazón
A las puertas del infierno,
Y aún me duele desde lejos
Condenado al lamento eterno.