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Dá Sahá Nahá

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
Ella iba todas las noches de luna a refrescar su cuerpo en las aguas del río Texcuyuapan.
Se desnudaba completamente y dejaba sueltos sus larguísimos cabellos. Era una mata de cabellos negros, larga, muy larga, que caía hasta sus talones.

La luna la enardecía. Su sangre fluía aceleradamente, su mirada quedaba fija en la puerta de ramas secas de su casa. Esperaba al hombre que una noche, simplemente, ya no volvió.
Jamás vio su rostro, era una sombra que la abrasaba, que recorría su cuerpo palmo a palmo, que la hacía arder como rama de ocote.

La primera noche de su ausencia llenó su pecho con angustias.
Encendió la vela de cebo y la dejó asomar por donde venía la vereda que cruzaba la selva.

Él no vino.

Cuántas preguntas quedaron sin respuestas: sería un jaguar, una serpiente, una araña.
No sabía su nombre, no conocía el tono de su voz. Solo reconocía el sonido poderoso de sus respiración agitada y la forma de tocar su cuerpo.
Su olor, el olor de su sombra era como el del cempasúchil marchitándose.

Por esos días nada se supo de una ausencia.
Todos los hombres de la aldea estaban vivos. Se les acercó y los olió. No era ninguno de ellos. Su hombre debía venir de más allá del río. De las montañas lejanas.

El Soplador le aspiró todo el cuerpo. Salieron de sus poros los suspiros que guardaba, dejados por su boca. El Soplador cerró los ojos para ver su Nahual. Se quedó pensando un momento; luego le dijo: no es un hombre el que buscas.
No es una bestia, ni es un encantador de mujeres.
Es otra cosa que yo no puedo ver.

Al anochecer, juntos se fueron al río. El sabio indígena la desnudó por completo. Con el cuenco de sus manos roció con las aguas del río todo su cuerpo.
Luego habló en la lengua que solo ellos, los sopladores, conocen.

Invocaciones dolientes que pronuncian su nombre
Ecos secretos que convocan a los oídos invisibles
Luna y agua con la mujer desnuda
Hay destellos de plata en tu cuerpo de seda
Yo miro para mí -con deleite- tus pezones oscuros que miran como noche
Noche, vuelve tus ojos al seno de la tierra
Al callejón oscuro que esconde entre su sombra el alma de la ceiba
¿Quieres dormir aquí, entre el cuerpo del agua?
¡Duerme pues!...
¡Duerme!
¡Duerme!

Esa sombra brilla y llama a los hombres con quejidos. Esparce su olor entre las frondas. Es una voz que llama desde el seno del agua con lengua de suspiros.
Solo el hombre la escucha y le responde; la mujer se adormece y se siente pesada.

Desde la orilla del río se mira la silueta que los llama. En su cuerpo están dibujados todos los anhelos que el hombre ama.
Abre los brazos y toda voluntad desaparece.
¡Qué frágil es el cazador valeroso que vence a toda fiera!
El abrazo roba el alma. La danza de los cuerpos interrumpe todos los silencios que moran en la noche. Miles de ojos los miran mientras los dedos de las manos juguetean consumando sus ansias y el alma se vuelve humo oloroso a copal.

Hay una amanecer de cada día en que siempre se nota la ausencia de alguien.
Nunca se sabe a dónde fue, solo se sabe que jamás volverá. Es un secreto que conocen los hombres. Oyen la voz que despierta los apetitos voraces y saben quién los llama.
Es tan solo una noche, es la noche más larga, la más placentera de todas las noches, la que se lleva el alma.
 
Última edición:
Hola Melquiades!

Atrapante cuento
rozando los umbrales de la leyenda
entre la magia del misterio y lo fantástico.
Me he delitado con la belleza de la imagen
y el atrayente escenario que da luz propia a tu obra.
Rico en léxico e imágenes.
Cutivador
Sin duda una exquisita pieza
que nos mete dentro de la lectura
y nos hace partícipes activos
a la espera de resolver el misterioso final.

Encantada de llegar a tu magistral obra

Ligia
 
Última edición:
Ligia Calderón Romero;4316733 dijo:
Hola Melquiades!

Atrapante cuento
rozando los umbrales de la leyenda
entre la magia del misterio y lo fantástico.
Me he delitado con la belleza de la imagen
y el atrayente escenario que da luz propia a tu obra.
Rico en léxico e imágenes.
Cutivador
Sin duda una exquisita pieza
que nos mete dentro de la lectura
y nos hace partícipes activos
a la espera de resolver el misterioso final.

Encantada de llegar a tu magistral obra

Ligia

Ligia. Qué encanto hallarte por aquí. Leer los comentarios de tus impresiones. Gracias por tus gentiles palabras. Abrazos.
 
Últimamente andas desatado de letras y tus dedos danzan una música mágina....

Vives... y te miro.
 
todos le tememos a la muerte xq no sabemos que hay mas alla...por eso hay que disfrutar del presente por que el ayer ya paso y no se puede cambiar lo hecho,hecho está y el futuro es incierto ...
un placer leerme realmente me atrapo tu relato.:::hug:::
 
todos le tememos a la muerte xq no sabemos que hay mas alla...por eso hay que disfrutar del presente por que el ayer ya paso y no se puede cambiar lo hecho,hecho está y el futuro es incierto ...
un placer leerme realmente me atrapo tu relato.:::hug:::

Sí princesa, vivir la vida. Bueno, quizá sí sabemos qué hay más allá; pero le damos vueltas: No hay vida.
Por sí o por no, lo bailado y los cantado nadie lo quita, ni la muerte. Besos.
 

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