Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre halago y ofensa, así, concibes,
el lúbrico reflejo de mis ojos
que quizás, a la dama, causa enojos
por eso, sonreírme te prohibes.
Mas, en ti, una mujer también percibes
qué vibra más allá de tus sonrojos,
qué quiere, del amor, romper cerrojos
y a quien en sueños, nada tú le inhibes;
y envuelta, ahí, en lascivo abrazo estrecho,
te aferras a mi cuerpo demandante,
dejando qué se torne caminante
de tu carne, mi aliento insatisfecho
que enciende las coronas de tus pechos
mientras eres...guerrera galopante.
el lúbrico reflejo de mis ojos
que quizás, a la dama, causa enojos
por eso, sonreírme te prohibes.
Mas, en ti, una mujer también percibes
qué vibra más allá de tus sonrojos,
qué quiere, del amor, romper cerrojos
y a quien en sueños, nada tú le inhibes;
y envuelta, ahí, en lascivo abrazo estrecho,
te aferras a mi cuerpo demandante,
dejando qué se torne caminante
de tu carne, mi aliento insatisfecho
que enciende las coronas de tus pechos
mientras eres...guerrera galopante.
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